Homo insolitus 17: De ídolo del ajedrez a vagabundo

Bobby Fischer ganó en 1972 el campeonato del mundo de ajedrez, tras una heroica y simbólica lucha contra el ruso Boris Spassky, convirtiéndose en toda una estrella mediática. Pero lo que le convirtió en todo un Homo insolitus es lo que pasó después…

Fischer nació el 9 de marzo de 1943 en Chicago. Sus padres, Hans-Gerhardt Fischer, físico alemán, y Regina Wender, una enfermera suiza descendiente de judíos polacos, se conocieron en Moscú, donde Regina estaba estudiando medicina. Con el auge del antisemitismo en la URSS emigraron a París y, poco después, en 1939, su madre huyó rumbo a Estados Unidos junto a su hija recién nacida, Joan, pero su marido, al ser ciudadano alemán, no pudo acompañarles. Regina siempre argumentó que Bobby fue engendrado durante un viaje que su padre hizo a México en 1942, pero no parece cierto. El FBI, en los años cincuenta, estuvo investigándola por su relación con círculos comunistas, elaborando un exhaustivo dossier sobre su vida en el que se aseguraba que el padre real era el conocido matemático húngaro de origen judío Paul Nemenyi (1885-1952), que emigró a EEUU en 1941.

Sea como fuere, después de vivir un tiempo en Chicago y en Rhode Island, se mudaron a Brooklyn en 1949, cuando Bobby tenía ya seis años. Por esa misma época, comenzó a jugar al ajedrez junto a su hermano Joan, usando las instrucciones que acompañaban a un tablero que le había comprado su madre en una tienda de chucherías. Desde entonces, nunca dejó de jugar, casi siempre contra sí mismo, estudiando intensivamente viejos libros de ajedrez.

Poco después, el 17 de enero de 1951, con tan solo ocho años, Bobby se apuntó a una partida multitudinaria en Brooklyn. Perdió, pero consiguió llamar la atención de Carmine Nigro, el presidente del club de ajedrez de Brooklyn, que se quedó maravillado con las habilidades de Fischer. Desde entonces su carrera comenzó a crecer de forma exponencial: en julio de 1956, con trece años, ganó el campeonato junior de los EEUU, convirtiéndose en el más joven en hacerlo. Ese mismo año participó en otra campeonato celebrado en Nueva York en el que se enfrentó contra los doce mejores jugadores de la ciudad. No ganó, pero se llevó un premio al mejor jugador por una partida memorable, conocida como «la partida del siglo», que protagonizó contra el maestro internacional Donald Byrne, al que derrotó de una forma magistral.

Su carrera iba lanzada. Más aún cuando en 1958 ganó por primera vez el campeonato estadounidense de adultos, convirtiéndose en el más joven en lograrlo. Repitió siete veces, la última a los 23 años.

En 1959, después de que su madre se mudase de apartamento para proseguir con sus estudios médicos, dejando solo a Fischer, decidió dejar sus estudios, pese a su altísimo coeficiente intelectual (180), y centrarse en el ajedrez.

Participó en cuatro Olimpiadas de Ajedrez con el equipo estadounidense (1960, 1962, 1966, 1970), enfrentándose una y otra vez con los que serían sus grandes rivales, los jugadores de la Unión Soviética, sempiternos campeones en todos los grandes torneos internacionales. Los americanos nunca consiguieron llevarse el oro, pero Fischer quedó segundo en dos ocasiones (1966 y 1970), perdiendo ambas contra el ruso Boris Spassky, que se había convertido en campeón del mundo en 1969. Juntos protagonizaron, en julio de 1972, el «match del siglo».

Fischer, tras clasificarse para la final del Campeonato del Mundo, que desde 1948 estaba en poder de los soviéticos, tuvo una oportunidad de oro para vencer al ruso, al que no había conseguido batir. El encuentro se produjo en Reyjavik entre el 11 de julio y el 31 de agosto, con una expectación inusual, ya que estábamos en los momentos álgidos de la Guerra Fría. Fueron 21 partidas. Spassky ganó en tres ocasiones e hizo tablas en otras once. Fischer ganó siete, convirtiéndose en campeón del mundo, el primer y único estadounidense que ha conseguido esta proeza. Consiguió frenar a la Unión Soviética, aunque los siguientes cincuenta años vieron exclusivamente a campeones formados en dicha escuela.

Y justo tras alcanzar la gloria, abandonó, dejando completamente desconcertados a todo el mundo. Tenía solo 29 años.

Muchos pensaron que se trataba de miedo a ser derrotado. Pero un tiempo después, en 1975, estuvo a punto de aceptar el reto que le lanzó un joven Anatoly Karpov, que con tan solo 24 años había derrotado a Spassky. Pero las condiciones que puso Fischer no fueron aceptadas por la Federación Internacional, así que decidió no participar. Karpov fue proclamado campeón del mundo sin jugar. Fischer nunca reconoció los campeonatos del mundo de Karpov, ni los de su relevo, Kasparov, argumentando que el título le pertenecía a él y que nadie se lo había arrebatado. Llegó, incluso, a afirmar que sus partidas estaban amañadas.

Desde entonces su vida se volvió de lo más misteriosa y errática. Siempre había sido un tipo peculiar y polémico. Pero pronto comenzó a dar la nota escandalosamente. En 1981, por ejemplo, fue detenido por la policía de Pasadena debido a que le confundieron con el atracador de un banco. Parecía un vagabundo con un trasnochado aspecto hippie.

Desde los años sesenta se había mostrado especialmente iracundo contra los judíos, llegando incluso a negar el holocausto, pero en 1984 creó cierta polémica cuando apareció su nombre en la Enciclopedia Judaica y pidió públicamente que lo borrasen, ya que afirmaba, falsamente, que su madre no había sido judía. Además, reconocía ante los medios ser anticomunista, machista y racista, y renegaba por completo de su país. En alguna ocasión dijo que deseaba que un golpe militar derechista se produjese en su país y que ere necesario el arresto y la detención de todos los judíos norteamericanos. Años después, tras las atentados del 11 de septiembre, declaró que aquello era un castigo merecido por el apoyo de su país a Israel. La Federación de Ajedrez de Estados Unidos no lo vio así y le expulsó, aunque en 2007 fue reestablecido.

Mucho se había hablado de alguna posible enfermedad mental. Incluso se llegó a decir que era esquizofrénico o autista. Nunca se supo, pero parece probable que sufriese un desorden paranoico de la personalidad.

Sea como fuere, en 1992, tras veinte años retirado, decidió volver para echar un último match contra Spasski. Pero no encontraron mejor lugar que la antigua Yugoslavia. Fischer venció, y se llevó los 3,65 millones de dólares del ganador (Spasski se fue llevó un millón y medio por perder), pero este fue el comienzo de un problemón que marcó el resto de su vida. El Departamento del Tesoro le había advertido de que estaba prohibido realizar ninguna actividad económica en Yugoslavia, por su intervención en la reciente guerra de Bosnia. Fischer, en su primera conferencia de prensa durante el evento, escupió sobre la orden del gobierno. Esto llevó a que las autoridades estadounidenses, nada más finalizar el combate, ordenasen su detención.

Pero huyó a tiempo y desde entonces se convirtió en un fugitivo.

Doce años después, el 13 de julio de 2004, fue detenido en el aeropuerto de Narita, cerca de Tokio, donde llevaba un tiempo viviendo. Estuvo nueve meses en una prisión japonesa para emigrantes. Muchas voces se levantaron para pedir su liberación, incluido Boris Spassky, que escribió una carta a George H. W. Bush pidiéndole que le pusiesen en la misma celda con un ajedrez… Ni caso. Finalmente, fue liberado en marzo de 2005, aunque el gobierno japonés ordenó su deportación. Estados Unidos intentó extraditarlo, pero Fischer había solicitado asilo en Islandia a principios de aquel año. Así pues, para sorpresa de todos, fue declarado ciudadano islandés. No en vano, su épico encuentro de 1972 contra Spasski se celebró en la capital islandesa. Y allí que se fue junto a su pareja, Miyoko Watai, presidenta de la Asociación Japonesa de Ajedrez, con la que mantenía una relación desde el año 2000.

El 17 de enero de 2008 Fischer falleció víctima de una insuficiencia renal. Había ingresado con un bloqueo urinario, pero se negó a ningún tipo de cirugía o a cualquier tratamiento con medicamentos. Genio y figura hasta la sepultura.

Publicado el domingo 10-09-2017 en La Voz de Almería

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