Homo insolitus 21: Puño Olímpico

16 de octubre de 1968. Juegos Olímpicos de México. Tommie C. Smith, un joven afroamericano nacido en Tennessee en 1944, ganó la final de los 200 metros con un tiempo de 19.83 segundos ―la primera vez que se bajaba de los veinte―. Detrás llegaron el australiano Peter Norman y John Carlos, otro joven afroamericano. Todo un éxito para la delegación olímpica de Estados Unidos. La sorpresa se produjo cuando, durante la ceremonia de entrega de medallas, mientras sonaba el himno de su país, los dos jóvenes americanos, oro y bronce respectivamente, agacharon la cabeza con solemnidad y levantaron un puño cubierto con un guante negro, el característico gesto del movimiento Black Power.

Smith, además, llevaba un pañuelo negro alrededor de su cuello, clara referencia a la lucha de su gente por la igualdad, y los pies descalzos, aunque con calcetines, para protestar por la pobreza; y  Carlos se desabrochó el chándal como muestra de solidaridad con todos los obreros de Estados Unidos. Norman, el australiano que se llevó la medalla de plata, se unió a la causa y se colocó, como sus dos compañeros de podio, una insignia del Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos.

Seguro que conocen ustedes esta imagen, convertida, como es normal, en uno de los símbolos de la lucha por los derechos y las libertades civiles y contra la segregación racial, un movimiento especialmente activo en Estados Unidos, sobre todo tras el asesinato de Martin Luther King el 4 de abril, solo cinco meses antes, y de Robert Kennedy, la gran esperanza blanca, el 5 de junio de aquel mismo año.

¿Qué creen ustedes que pasó después del simbólico gesto de estos tres heroicos Homo insolitus? Las consecuencias fueron terribles. La multitud presente en el estadio de México D. F. les abucheó. Por si fuera poco, el presidente del Comité Olímpico Internacional, un tal Avery Brundage, consideró que era un gesto inadecuado, una «deliberada y violenta infracción de los principios fundamentales del espíritu olímpico», ya que supuestamente no se permitían proclamas políticas, y decidió expulsar a los dos atletas de las Olimpiadas, llegando a prohibirles el acceso a la villa olímpica. El Comité Olímpico Estadounidense pidió disculpas, pero protestó en un primer momento, aunque finalmente, por miedo a que todos sus deportistas fueran expulsados, acabó aceptando a regañadientes la sanción a Smith y Carlos, en un acto de cobardía sin límites. Se sabe, incluso, que el embajador estadounidense solicitó su expulsión del país, aunque el gobierno mexicano se negó.

La cosa venía de atrás. Tommie Smith era miembro del Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos, un colectivo que llevaba tiempo luchando para que se boicotease a Sudáfrica y Rhodesia por sus políticas segregacionistas y para que el tal Brundage dimitiese. No es para menos. Este señor, nacido en Detroit en 1887, llevaba siendo presidente del COI desde 1952, pero era un personaje polémico porque durante las olimpiadas de Berlín de 1936 había sido presidente del Comité Olímpico Estadounidense, oponiéndose con fervor al boicot que muchos países habían anunciado como protesta por la llegada de Hitler al poder y su actitud con el pueblo judío. Al parecer, sentía cierta simpatía por el nuevo régimen alemán y mucho desprecio por los judíos. Por supuesto, no hizo ninguna objeción en contra del saludo nazi durante aquellas olimpiadas. Se ve que no lo veía como una «violenta infracción de los principios fundamentales del espíritu olímpico»… ¡Ah! Sudáfrica y Rhodesia, pese a que durante un tiempo parecía que iban a participar en los juegos, fueron vetadas por temor a un boicot masivo del Bloque del Este y de la URSS.

Por si fuera poco, pese a que muchos medios y colectivos liberales se solidarizaron con los dos jóvenes afroamericanos, fueron vapuleados al llegar a su país y sus carreras deportivas fueron destruidas tras ser apartados de todas las competiciones nacionales e internacionales. Además, tanto ellos como sus familias recibieron amenazas de muerte. Smith, tras jugar un tiempo en la Liga de Futbol Americano con un equipo mediocre, los Cincinnati Bengals, terminó siendo entrenador en un colegio de Ohio. De nada sirvió que se sacase la carrera de Sociología. Carlos tuvo mejor fortuna y, tras jugar un tiempo en la Liga canadiense de Futbol, se involucró en el Comité Olímpico de Estados Unidos y ayudó a celebrar las Olimpiadas de los Ángeles de 1984, pero su carrera prometía mucho más.

Norman, el australiano, fue el más castigado. Las autoridades olímpicas de su país no le perdonaron aquel acto y le impidieron competir en los juegos de 1972. Además, los medios de comunicación australianos le atacaron sin piedad, acusándole injustamente de comunista y antisistema. Curiosamente, como sus dos compañeros, tuvo una carrera en otro deporte, ya que jugó durante años en el equipo de futbol de West Brunswick. Pero, tras una grave lesión, que le retiró del deporte a mediados de los años ochenta, se enganchó al alcohol y a los calmantes.

Falleció el 3 de octubre de 2006. Durante su funeral, Smith y Carlos, rindiendo honor a aquel blanco que se había unido a su lucha, ayudaron a llevar su ataud. Seis años después, el parlamento australiano le pidió perdón de forma oficial.

Brundage, por otro lado, continuó como presidente del COI hasta 1972, justo después de las Olimpiadas de Munich, en las que se produjo el conocido atentado contra la delegación israelí a manos de insurgentes palestinos que terminó con doce muertos. Brundage, en vez de cancelar los Juegos Olímpicos, como quizás hubiese sido lo justo, decidió que el espectáculo debía continuar. Muchos vieron esto como una muestra más de su antisemitismo…

Para terminar, una curiosidad: si se fijan en la foto, Smith, lleva el guante negro en la mano derecha, pero Carlos lo lleva en la izquierda. Esto se debe a que Carlos se olvidó sus guantes en la Villa Olímpica, y se tuvo que poner la otra pareja del guante derecho de Smith…

Publicado el domingo 08-10-2017 en La Voz de Almería

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