Homo insolitus 27: De sufragista a fascista

El 10 marzo de 1914, como respuesta al arresto de Emmeline Pankhurst, una conocida militante sufragista que luchaba por el derecho al voto de las mujeres, Mary R. Richardson asestó siete cortes con un cuchillo de cocina a la Venus del Espejo de Velázquez, que desde 1906 se conservaba (y se conserva) en la National Gallery de Londres ―anteriormente estaba en Rokeby Park (Yorkshire), tras ser robada durante la Guerra de Independencia Española por algún hijo de la Gran Bretaña.

«El primer golpe con mi hacha rompió el cristal protector. Pero, por supuesto hizo algo más que eso, hizo que el detective del museo se levantará de su silla con el periódico aún en su mano y rodeará su lujoso asiento de terciopelo rojo mirando a la cúpula de cristal que acaba de ser reparada. El ruido del cristal también llamó la atención del guarda que en sus frenéticos intentos por alcanzarme resbaló en el pulido suelo y cayó de cara, por lo que tuve un tiempo extra para asestarle cuatro cuchilladas más antes de ser atacada.»

Dañó con su cuchillo toda la zona de la espalda y los hombros de la señora del cuadro que el genio sevillano había pintado hacia 1650, pero solo fue condenada a seis meses de cárcel, la pena máxima que había en ese momento en Inglaterra por dañar una obra de arte. «El juez casi lloró cuando me juzgaron porque solo podía darme seis meses», dijo en declaraciones posteriores. Por fortuna, se consiguió restaurar con relativo éxito.

 

Richardson militaba en la Women’s Social and Political Union (WSPU, Unión Política y Social de las Mujeres), una asociación radical del movimiento sufragista, dirigida por Emmeline Parkhurst. En una reunión expuso sus motivos: «He tratado de destruir la imagen de la mujer más bella en la historia mitológica como protesta contra el gobierno de la destrucción de la señora Pankhurst, que es el personaje más bello de la historia moderna».

Los medios consideraron aquello como una afrente terrible orquestada por una feminista radical y puritana que no soportaba los desnudos y comenzaron a llamarle Mary la Acuchilladora (Slasher Mary). Al fin y al cabo, los periodistas, casi todos varones, veían la lucha sufragista del mismo modo que el resto de varones: como una extravagancia de caprichosas señoras de bien. No en vano, este ataque sirvió para perpetuar el manido cliché del odio de las feministas hacia el desnudo femenino en el arte.  Pero la intención real, como ya hemos visto, era otra.

Slasher Mary nació en Canadá (en Belleville, Ontario) hacia 1882, pero con tan solo 18 años, a principios del nuevo siglo, viajó a Europa y decidió quedarse en Inglaterra para apoyar el movimiento sufragista. Allí conoció a Emmeline Pankhurst, se afilió al WSPU y se acabó convirtiendo en una de las más violentas e iracundas activistas. Ya era conocida cuando destrozó el cuadro de Velázquez. Había sido una de las participantes en el Black Friday, el 18 de noviembre de 1910, cuando un grupo de unas trescientas activistas montaron una protesta frente al Parlamento Británico, después de que éste rechazase otorgar el derecho al voto a parte de las mujeres del país (a las ricas, por cierto). La manifestación terminó con más de doscientas mujeres agredidas y maltratadas por la policía y con más de cien detenidas. Entre ellas estaba Mary Clarke, hermana de Emmeline Pankhurst, que falleció poco después de su liberación, a finales de aquel mismo año.

Pero también participó en otro conocido acto de protesta que protagonizó su compañera Emily Davidson, otra activista feminista que, como Mary Richardson, fue detenida en numerosas ocasiones ―fueron las primeras mujeres alimentadas a la fuerza durante algunas de las numerosas huelgas de hambre que realizaron―. Pero el momento cumbre de Davidson tuvo lugar cuando el 4 de junio de 1913 tuvo los ovarios de saltar al circuito de Epsom, en Surrey, donde se estaba celebrando su famoso Derby. Y lo hizo justo delante del caballo del rey Jorge V, que montaba un tal Herbert Jones, con tan mala suerte que el animal le atropelló. Fallecería de una factura en el cráneo cuatro días más tarde, en mitad de una agria polémica. Pues bien, Mary Richardson aseguró que había sido su cómplice y que tuvo que salir huyendo de la carrera cuando algunos la vieron ondear banderas sufragistas.

Por si fuera poco, se sabe que fue una de las mujeres que rompieron a pedradas las ventanas del Ministerio de Interior, además de provocar algunos incendios e, incluso, colaborar en poner unas pequeñas bombas en una estación de tren, antes de atacar el cuadro de la National Gallery.

Todo un historial para una valiente y aguerrida Homo insolitus. Y no piensen que lo de «insolitus» se debe a este activismo guerrero y feminista, aunque en parte sea así. Se debe más bien a lo que sucedió después, cuando por fin pudo votar, terminada la Gran Guerra. Por un lado publicó alguna novela y varios volúmenes de poesías, pero también se metió en política. Entre 1922 y 1934, se presentó a las elecciones con el Partido Laborista, aunque nunca fue elegida. Lo sorprendente en que tras la última derrota se afilió a la British Union of Fascists (BUF, Unión Británica de Fascistas), organización creada por Oswald Mosley de la que se convirtió en Secretaria de Organización de la Sección Femenina. Como explicó en su momento, había quedado prendada por el trabajo de Mussolini en Italia.

Lo dejó al año siguiente, abandonando, de camino, la política, de la que nunca quiso volver a saber nada hasta su muerte, el 7 de noviembre de 1961.

¿Cómo una sufragista acaba perteneciendo a un partido fascista? Sencillo, porque una cosa no quita la otra; pero sobre todo porque el fascismo en aquel momento no era visto como una ideología conservadora. Mary Richardson llegó, incluso, a comparar ambos movimientos: «Me atrajeron primero los camisas negras porque vi en ellos el coraje, la acción, la lealtad, el don del servicio y la capacidad de servir que yo había conocido en el movimiento de sufragio». De hecho, muchas sufragistas tuvieron relación con el BUF, como Norah Elam, compañera y amiga de Richardson, que llegó incluso a presentarse al congreso por este partido. Es más, un veinte por cierto de la membresía del BUF fueron mujeres, una cifra extremadamente alta para un partido político de la época…

Si tienen la suerte de visitar la National Gallery, y miran de cerca la Venús del Espejo, podrán ver aún las marcas de los cuchillazos. Aunque, todo sea dicho, no fue el único cuadro atacado por las sufragistas. Ese mismo año, El maestro Thornhill, de George Romney, fue dañado el 8 de junio por Bertha Ryland, hija de otra conocida sufragista. Margaret Gibb atacó, el 16 de julio, un retrato de Thomas Carlyle en la National Portrait Gallery de Londres. Y es que estas luchadoras activistas, durante los meses inmediatamente anteriores a la Gran Guerra, que comenzó el 28 de julio de 1914, se mostraron especialmente activas e iracundas: incendiaron cientos de casas, colocaron numerosas bombas (una en la propia Abadía de Westminster) y destruyeron algunas otras obras de arte más. El objetivo era visibilizar un movimiento que, sin duda, era justo. Y lo consiguieron, aunque durante un tiempo las mujeres no pudieron entrar a los museos ingleses sin ir acompañadas por un hombre…

Publicado el domingo 26-11-2017 en La Voz de Almería

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