Homo insolitus 34: El desgraciado maestro de Chaplin

Todos ustedes conocen a Charlot, el personaje que el gran Charles Chaplin creó e interpretó en decenas de películas. Ya saben, aquella especie de vagabundo con aspecto y modales de aristócrata. Lo que quizás no sepan es que Chaplin se inspiró en un personaje muy parecido que había interpretado, unos años antes, un actor francés llamado Maximilien Gabriel Leuvielle (1883-1925), más conocido como Max Linder, un Homo insolitus que llegó a ser la estrella cinematográfica más grande del mundo, hasta que el puesto le fue arrebatado, precisamente, por Chaplin, quien confesaría ser discípulo suyo. Como pueden imaginar, aquello no pudo terminar bien.

Nació en 1883, en el seno de una rica familia judía dedicada a la producción de vinos, en el pueblo de Saint-Loubès, en el suroeste de Francia. Con dieciséis años, no contento con el porvenir rural que le esperaba, decidió seguir la senda de su hermano Maurice, que iba camino de convertirse en la futura estrella del rugby nacional que terminó siendo, y se marchó a estudiar teatro a la cercana Burdeos. Fue el inicio de una carrera teatral relativamente exitosa que en 1904 le llevó a la capital gala, París. El conservatorio nacional le rechazó, pero Maximilien comenzó trabajar como actor cómico en algunos teatros parisinos, hasta que en 1905 consiguió entrar en los Estudios Pathé, en Vincennes, gracias a un compañero que le presentó a Ferdinand Zecca, el gran pionero del cine mudo. Comenzó a rodar películas aquel mismo año con el nombre artístico de Max Linder.

No tuvo demasiado éxito al principio, aunque participó en decenas de películas para la Pathé, entre ellas, algunas de Georges Méliès. El momento le llegó cuando la superestrella de esta productora, un tal René Gréhan, hoy en día desconocido, se piró para unirse a la empresa rival, la Éclair de Charles Jourjon, creada ese mismo año, 1907.

El tal Gréhan llevaba un tiempo representando a un personaje cómico llamado Gontran, una especie de héroe tonto desmedrado con pinta de dandi. Linder le tomó el relevo y, tomando a Gontran como punto de partida, creó un personaje nuevo, una especie de alter ego llamado Max, hijo de buena familia, no muy listo pero simpático y buena gente, que se acaba siempre librando de los malos pasos donde se había metido, en unas aventuras cómicas imposibles y alocadas. Eso sí, no hacía acrobacias, ni abusaba de gestos exagerados. Era, por así decirlo, un tipo normal, algo pijo y torpón, metido en follones.

El personaje, además, era un galán: joven, guapo, elegante, con su sombrero de seda, sus zapaticos de charol y su eterno bastón. No es de extrañar que atrajese al cine al público femenino, ni que más de una ocasión se liase algún tumulto durante alguna de sus apariciones públicas.

El caso es que su primera peli como Max, Les debuts d’un patineur (Max patinador), estrenada en diciembre de 1907, fue un fracaso. No entendieron al personaje. Pero Linder fue poco a poco matizándolo y, finalmente, consiguió llegar al público. Se reían de él porque representaba el perfecto arquetipo del advenedizo con aspiraciones de gran señor, papel que, de alguna, casi todos representamos.

Así, cuando el éxito llegó, fue espectacular, lo que explica que en 1912 fuese el actor mejor pagado de Francia, además de ser reconocido en el mercado internacional. Fue, posiblemente, la primera gran estrella del cine mundial. Llegó a cobrar, en 1912, un millón de francos, una barbaridad si partimos de que el salario medio en la Francia de principios del siglo XX era de solo cien francos.

Y eso que a finales de 1910, una apendicitis que se complicó estuvo a punto de acabar con él. De hecho, algunos periódicos le dieron por muerto. Pero regresó y con más fuerza que nunca, ya que a partir de entonces comenzó a interesarse por la dirección de películas, actividad en la que se mostró igualmente diestro, poniendo su nombre en decenas de ellas entre 1911 y 1914: N’embrassez pas votre bonne (No beséis a vuestra criada, 1914), Max et la quinquina (Victima de la quina, 1911), Le mariege de Max (El casamiento de Max ,1911) o Max toreador (1913); por citar solo algunas de las más conocidas.

Pero en 1914 estalló la Primera Guerra Mundial y todo se fue al traste. Max intentó alistarse, pero solo se le permitió ser conductor de despachos entre París y el frente. En 1915, en plena contienda, se extendió el rumor de que había muerto en las trincheras, lo que provocó una autentica conmoción en toda Francia. Finalmente, dejó la guerra, después de una neumonía que le dejó bastante tocado durante unos meses, y en 1916 se marchó a Estados Unidos, tras recibir la llamada de George K. Spoor, presidente de los Estudios Essanay, que hasta unos meses antes tenía en plantilla a Chaplin.

Pero no tuvo el éxito esperado y dos años después, tras rodas solo tres películas, regresó a su país. Aun así, hubo una segunda intentona de triunfar en América, realizando en 1922 una película que tuvo cierto éxito, The Three Must-Get-Theres (Los Tres Mosqueteros). Pero ya nunca pudo recuperar la fama de antaño, entre otras cosas por la omnipresente figura de Chaplin, que, con su personaje Charlot, arrasaba en los cines del país. Y lo curioso es que Charlot venía a ser una versión del personaje de Linder: un vagabundo con aspecto aristocrático venido a menos. Es más, algunas de las tramas de Chaplin son calcadas a las de las películas de Linder.

Su carrera iba en declive, algo en lo que tuvo mucho que ver su decadencia personal, víctima de fuertes estados depresivos que intentaba subsanar con el consumo de drogas. Cada vez fue a peor.

El 31 de octubre de 1925 culminó un extraño plan suicida que había pactado con su esposa, Jean Peter, con la que llevaba dos años casado: le cortó las venas a la dama antes de hacerlo consigo mismo. Un año antes, a comienzos de 1924 ya lo habían intentado en un hotel de Viena con barbitúricos…

Titulares de periódicos. Y olvido.

Hasta que en los sesenta su hija Maud Linder se esforzó por conseguir que su padre fuese reconocido como lo que fue, el padre del cine cómico, auténtico maestro y ejemplo de Chaplin, Buster Keaton o Harold Lloyd.

Publicado el domingo 04-02-2018 en La Voz de Almería

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