“PROHIBIDO EXCAVAR EN ESTE PUEBLO”, DE ÓSCAR FÁBREGA: UN ENSAYO TAN AMENO COMO DIVERTIDO PARA DESMONTAR EL MITO SOBRE LO OCURRIDO EN RENNES-LE-CHÂTEAU

Publicado en el blog Juntando más letras.

Sinopsis (editorial):

    A finales del siglo XIX un párroco de una pequeña aldea del Languedoc francés, zona de leyendas y herejías, de la noche a la mañana, se hizo enormemente rico, tanto que compró numerosas tierras, realizó construcciones fastuosas y comenzó a vivir como un marqués. ¿Cuál fue la fuente de su riqueza? ¿Fue la venta ilegal de misas, como afirmaron sus superiores eclesiásticos? ¿Encontró un tesoro escondido, como afirman otros?

Sea como fuere, la historia de aquel sacerdote y de aquel bello pueblo, Rennes-Le-Château, se convirtió en un mito moderno, en el que el protagonismo lo comparten, a partes iguales, los actores del drama y los escritores que lo investigaron. Además, la aldea se convirtió en el lugar preferido para los buscadores de tesoros, que durante años se dedicaron a excavar en el pueblo en busca de una riqueza que nunca encontraron.

Por desgracia en esta historia hay más mentiras que verdades. Y todo gracias a un señor que desde la sombra manipuló la Historia e inventó una extraña trama que fue poco a poco haciendo pública. Un verdadero embaucador que  reclamaba el trono de Francia al considerarse último heredero de aquella estirpe real de la Edad Media, los merovingios…  aquellos que, según El Código da Vinci, de Dan Brown, se mezclaron con los descendientes de Cristo.

Lo que convertía a esta éminence grise en descendiente de Jesús…

 

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Soy de esas a las que El código da Vinci despertó la curiosidad por las historias que no se cuentan y por lo oculto que subyace en la verdad asumida. Yo, formada en sucesivos centros religiosos de educación, desde mi más tierna infancia hasta que acabé la carrera, asumía el dogma como verdad sin fisuras y nunca se me ocurrió pensar que algo de lo que me contaban no era como decían que había ocurrido. Tenía mis más y mis menos con algunos aspectos del Catolicismo… pero en líneas generales comulgaba con lo que me decían, como buena cristiana. Dos factores vinieron a romper la ortodoxia: Dan Brown, con las propuestas de su best-seller, y mi chico (al que había conocido poco antes de leer a Brown), a quien los programas y libros de misterios y verdades ocultas siempre habían atraído. Uno y otro se encargaron de abrir mi mente a nuevas posibilidades y me enseñaron a desconfiar de las versiones oficiales. A partir de ahí, empecé a leer libros que ahondaban en las redes de mentiras o verdades a medias que nos han ido contando a lo largo de la Historia y también libros como este, que pretenden desmontar los cuentos y falsos mitos que, al hilo de esas medias verdades, han ido surgiendo, enredando aún más una madeja ya de por sí bien liada. Por eso, cuando Kayena habló de este ensayo y de la Operación Tagus, no me lo pensé.

A pesar de lo dicho hasta ahora considero que no sé gran cosa sobre estos misterios de corte religioso que libros como El código da Vinci pretenden sacar a la luz. He leído más literatura que ensayo y tampoco en abundancia; es un tema que me atrae pero no me obsesiona, así que voy leyendo lo que voy encontrando según me va apeteciendo. Digo esto porque soy incapaz de calibrar la veracidad de todo lo que cuenta Fábrega en la obra pero sí da la impresión de estar bien documentado y saber lo que dice. Claro que teniendo en cuenta que trata de desmontar un mito creado sobre un hecho real y cientos inventados… una llega a dudar sobre todo lo que está leyendo. Pero creo que eso también es un punto a favor del autor: son muchas las ocasiones en las que habla de investigadores demasiado crédulos que se dejaron embaucar por una historia muy jugosa o, directamente, por pruebas falseadas, de modo que va generando en el lector la necesidad de cuestionar mucho de lo que sabe y todo lo que ha leído. Y esa capacidad de cuestionar la realidad que nos sirven en bandeja y que deglutimos con la mayor de las confianzas es, para mí, una de las grandes lecciones de fondo de este ensayo.

Un ensayo, por lo demás, muy bien escrito, bien documentado, que busca el contexto histórico, social y religioso al único hecho que parece comprobado de la historia: algo hizo o encontró el párroco de Rennes-Le-Château para poder acometer la obra faraónica que llevó a cabo en la iglesia de la localidad y alrededores durante años.

 

ESTRUCTURA

 

Además de bien escrito y bien documentado, el ensayo está, también, muy bien estructurado. Tras el prólogo de Jesús Callejo, el autor introduce el estado de la cuestión echándole la culpa a Dan Brown, lo cual no deja de impactar, ya desde la primera línea, al lector. Tras esa introducción, comienza la primera parte (“Así nace un mito”) y el lector viaja, de la mano del autor, por los hitos fundamentales que fueron cimentando la historia del bueno de Saunière, el párroco de Rennes-Le-Château. Pero hete aquí que llega la segunda parte y el momento de desmontar el mito: Fábrega va mostrando, punto por punto, las incorrecciones, errores, conspiraciones, credulidades y buenas y malas intenciones de todo tipo sobre las que se sustenta la relación entre lo que le ocurrió al cura de Rennes-Le-Château y la posterior red de contubernios con los Templarios y el cacareado Priorato de Sión que todos los lectores de El código da Vinci conocemos. Según el autor, buena parte de esas triquiñuelas, conspiraciones y falsedades nacen de la mente calenturienta de Pierre Plantard, a quien analiza en profundidad en la tercera parte de la obra, titulada “El creador del mito”.

Un corto epílogo da paso a los interesantísimos apéndices y a los agradecimientos, bibliografía y notas de la obra, apartados que he leído hasta el último punto, entre acongojada, regocijada y boquiabierta por todo lo que Fábrega ha estado contando hasta ese punto final tras el que llega el abismo de la incertidumbre y las preguntas inevitables: ¿cuántas verdades estaremos dando por ciertas cuando no son más que patrañas pergeñadas con toda la intención por alguien que busca algún tipo de beneficio? ¿Cómo separar la paja del heno?

 

HUMOR, IRONÍA Y CERCANÍA

 

Si interesante es el ensayo y motivador el estado mental en el que te deja, no menos positivo es el tono general de la obra: Fábrega es irónico, es mordaz, es divertido, es cercano… Hay varios cambios de registro (habla de sí mismo en primera persona del singular pero también  a través del plural mayestático y, de igual modo, a veces se dirige al lector en plural, dándoles el tratamiento de ustedes, como lo hace en segunda persona del singular) que me han descolocado un poco pero mi sensación general es que he pasado un buen rato con alguien divertidísimo que sabe contar las historias como nadie. Fábrega se aleja del tono académico para hablar al lector de tú a tú y utilizar un lenguaje sencillo y coloquial (“la cosa se puso chunga”, dice, por ejemplo) que en algún momento roza lo vulgar, al introducir palabras malsonantes como cuando asegura que “se insinúa que su intención es ayudar a que los merovingios recuperen el trono de Francia, lo que jodería bastante a la Iglesia de Roma” (página 290).

La misma cercanía que emplea en el tono y en el léxico se deja notar también en la preocupación que muestra por que el lector le siga, por que ate los cabos que hay que ir anudando en cada recodo del camino, sin despistarse por el aluvión de cifras, datos, personas y personajes que va introduciendo para sazonar sus argumentos. Por eso, introduce muchas expresiones autorreferenciales del tipo “como hemos visto” o “como veremos más adelante” que ayudan al lector a ubicarse en el universo laberíntico que Fábrega crea para él. Además de estas expresiones, el autor repite determinados pasajes una y otra vez, para que el lector los tenga frescos en su mente y compare los datos que va aportando con lo que sabíamos hasta el momento.

La preocupación por el lector se deja notar también en el apabullante número de notas que el autor va introduciendo en el texto. Y he aquí una de las ventajas que le he encontrado al formato digital: me resulta muy incómodo leer un libro editado en papel en el que las notas están al final, porque te obliga a andar de acá para allá todo el rato. Con el epub no he tenido ese problema: el ordenador me permitía acceder a la nota y regresar al texto de manera fácil, cómoda y rápida.

Y he dicho ordenador, lo cual es raro en mí. No suelo leer en el ordenador, porque me resulta incómodo. Los libros en formato epub los leo en el móvil pero ha sido imposible leer este ensayo en el móvil: pesaba demasiado. Y eso es bueno por un lado, pero malo por otro. Malo, porque he tenido que leer en el netbook y, aunque pequeño, no permite la misma movilidad que el teléfono. Pero es bueno (buenísimo) porque el motivo del que el libro ocupe tanta memoria es porque incluye un buen número de fotos que ayudan mucho a ubicar todo lo que se va contando a quienes, como yo, no han visitado la zona (ni esperan hacerlo, al menos en el corto o medio plazo).

En definitiva, un ensayo interesante, irónico, divertido y, sobre todo, muy cercano, que trata de desmontar el mito creado en torno a lo ocurrido en Rennes-Le-Château. Un suceso sobre el que, quizá, nunca lleguemos a conocer toda la verdad.

Nos seguimos leyendo.

 

4Estrellas

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