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¿Fue real la Pasión de Jesús?

Si en algo están de acuerdo todos los Evangelios canónicos, por extraño que pueda parecer y pese a la enorme cantidad de diferencias que se dan entre estos respectivos relatos, es en la narración de los últimos días de vida de Jesús, pese a las sempiternas contradicciones y variantes que existen entre ellos. Todos coinciden en que Jesús murió en la cruz, algo de lo que no dudan prácticamente ninguno de los buscadores del Jesús histórico. Y en verdad resulta bastante inverosímil que aquello fuese un invento ya que, además, tenemos, aunque con dudas, una mención no cristiana a su muerte, la de Flavio Josefo, que dejó bien claro que murió crucificado por orden de Pilato.

Ahora bien, el primero que habló con algo de detalle sobre todos los acontecimientos de la Pasión de Jesús fue Marcos en su Evangelio ―sobra decir que no existe la más mínima constancia de que este fuese el autor real de esta obra, como sucede con casi todos los libros del Nuevo Testamento―. El Documento Q, la fuente independiente que utilizaron Mateo y Lucas para confeccionar su relato, no mencionaba para nada la crucifixión, ya que solo hablaba de parábolas y dichos de Jesús. Así, estos dos evangelistas, sin duda, copiaron el relato la Pasión que había escrito Marcos unos años antes. Por otro lado, los tres sirvieron de inspiración, posiblemente, a Juan, cuyo Evangelio fue el más tardío, aunque también cabe plantear que este recogiese algunos elementos procedentes de su propia tradición independiente. Por último, Pablo de Tarso, que escribió sus cartas antes que todos estos, apenas explicó nada sobre el juicio y la muerte de Jesús. Solo que murió y resucitó unos años antes que él.

Por lo tanto, la fuente esencial es Marcos. Pero ¿de dónde sacó la información para elaborar el relato de la Pasión que aparece en su Evangelio? Realmente no lo sabemos, pero tenemos ciertos indicios que nos permiten plantear un esquema que parece bastante probable y acertado: tras la terrible, y posiblemente inesperada, muerte de Jesús, sus seguidores debieron quedar, como es normal, en estado de shock. Había muerto su líder, la persona que pensaban iba a abrir las puertas para la inminente instauración del Reino de Dios. Pero, seguro que tuvieron que plantearse cómo había podido suceder esto. Sabían que Jesús había muerto en la cruz, pero no entendían bien por qué, ni conocían los detalles, ya que, como sabrán, en los Evangelios se dice que todos huyeron despavoridos tras el arresto de Jesús, y solo el Evangelio de Juan situó a un discípulo suyo durante la crucifixión, el dichoso discípulo amado, tradicionalmente identificado con el apóstol Juan.

Con el paso del tiempo, sus afligidos seguidores, de primera o de segunda generación, comenzaron a escudriñar las Escrituras judías en busca de relatos, imágenes y profecías que pudieran ayudar a entender los luctuosos sucesos que ocurrieron aquel trágico día. No sería la última vez que lo hicieron, por cierto, ya que los relatos de la infancia de Mateo y Lucas, los dos únicos evangelistas que hablaron de su nacimiento milagroso y de sus primeros días, también están llenos de referencias al cumplimiento de vaticinios del Antiguo Testamento, supuestamente referidos a Jesús.

Por lo tanto, todo parece indicar que los cristianos, en una fecha muy temprana, estaban convencidos de que la historia de Israel y todos los textos de la Biblia servían como una especie de introducción a la culminación de un largo y complejo plan divino que culminaba con la historia de Jesús y acababa con su muerte en el madero. Jesús había muerto porque tenía que morir para hacer cumplir los divinos designios de la divinidad, terminaron concluyendo.

Como era de esperar, sus discípulos encontraron un montón de referencias bíblicas que fueron interpretadas como profecías de este trágico final, y gracias a ellas pudieron confeccionar un primigenio relato de la Pasión, transmitido en un primer momento exclusivamente de forma oral. Pero, conforme fue extendiéndose la nueva religión, y a medida que aumentó el número de conversos, se hizo necesario que aquellas historias orales fuesen escritas.

Así, cabe especular que, dada la importancia que los cristianos le dieron a la fatídica muerte de su líder, parece razonable plantear que tuvo que existir algún escrito primigenio en el que se contase cómo sucedió todo, que posteriormente sería la fuente de la que Marcos tomó el relato de la Pasión. O quizás hubo varios. Difícilmente lo sabremos, a no ser que un día nos sorprendan los arqueólogos con algún manuscrito perdido, lo cual no es para nada improbable.

En definitiva, es innegable que muchos de los elementos que forman el drama evangélico de los últimos días de Jesús proceden del Antiguo Testamento, y que el autor o los autores que crearon el relato de la Pasión confeccionaron la trama en torno a ellos. Y si no, que alguien explique algunos tremendos parecidos…

Por ejemplo, la famosa expulsión de los mercaderes del Templo (Mc 11,15), un trascendental relato que muchos estudiosos han considerado histórico, parece inspirada por este texto de Zacarías: «Y aquel día no habrá ya traficantes en el Templo del Señor todopoderoso» (Zac 14, 21). Sí, se podría contraargumentar diciendo que Jesús conocía este versículo de Zacarías y que hizo lo que hizo para hacer cumplir la profecía. Pero… hay otros muchos ejemplos: la traición de Judas (Mc 14,10), que de alguna manera también simboliza la traición del pueblo judío en su totalidad, podría haberse inspirado en este fragmento del Salmo 41: «Hasta mi amigo íntimo, en quien yo confiaba, el que compartía mi pan, me levanta calumnias» (Sal 41,10). Incluso el precio de la traición parece proceder del Antiguo Testamento:

 

Yo les dije: «Si os parece bien, dadme mi sueldo y, si no, dejadlo. Ellos me pagaron treinta monedas de plata». El Señor me dijo: «Echa al tesoro ese valioso precio en que me han tasado». Tomé las treinta monedas de plata y las eché en el tesoro del Templo del Señor (Zac, 11, 12-13).

 

Y no solo esto. Observen la clara relación entre el último versículo de la cita anterior y lo que dijo Mateo en su Evangelio al contar la traición de Judas: el traidor, tras la detención de Jesús, se arrepintió y «arrojó en el Templo las monedas, se marchó y se ahorcó. Los jefes de los sacerdotes tomaron las monedas y dijeron: no se pueden echar en el tesoro del Templo, porque son precio de sangre» (Mt 27, 5-6). Blanco y en botella.

Incluso la crucifixión entre delincuentes (Mc 15, 27) tiene un posible correlato en el siguiente pasaje: «Le daré un puesto de honor, un lugar entre los poderosos, por haberse entregado a la muerte y haber compartido la suerte de los pecadores. Pues él cargó con los pecados de muchos e intercedió por los pecadores» (Is 53, 12). Además, en esta cita tenemos un ejemplo que permite ver dónde encontraron los primitivos cristianos la inspiración para explicar la muerte de Jesús como un autosacrificio redentor, entre los otros muchos que existen. No en vano, en Isaías ya se dice que el Mesías sería «traído como un cordero al matadero» (53,7)

Pero hay más: aquello del vinagre y la hiel (Jn 19, 29-30) que le dieron a Jesús mediante una esponja parece proceder del Salmo 69: «Tú conoces mi oprobio, mi vergüenza y mi afrenta; ante ti están todos mis opresores. Los insultos me han roto el corazón y desfallezco; espero compasión, y no la hay; nadie me consuela. Me pusieron veneno en la comida, me dieron a beber vinagre para mi sed» (Sal 69, 20-22); o el episodio del oscurecimiento del Sol (Mc 15, 33), que pudo estar inspirado por este versículo del libro de Amos: «Aquel día, oráculo del Señor, haré que el Sol se ponga a mediodía, y en pleno día cubriré la tierra de tinieblas» (8, 9).

Lo cierto es que todo el drama pasión-muerte-resurrección guarda un inquietante parecido con una serie de relatos del Antiguo Testamento en los que se narran varios casos de hombres o mujeres acusados injustamente, condenados a muerte, rescatados in extremis y exaltados a los cielos en algunos casos.

Un ejemplo clave sería el siervo sufriente que se describe en Isaías 53 del que, sin duda, tomó mucho Marcos, o el primer redactor del relato de la pasión, para la construcción de su historia. Es un poquito largo, pero merece la pena que lo lean para que puedan comprobar el parecido con la Pasión de Jesús:

 

¿Quién hubiera creído este anuncio? ¿Quién conocía el poder del Señor? Creció ante el Señor como un retoño, como raíz en tierra árida. No había en él ni belleza ni esplendor, su aspecto no era atractivo. Despreciado, rechazado por los hombres, abrumado de dolores, y familiarizado con el sufrimiento; como alguien a quien no se quiere mirar, lo despreciamos y lo estimamos en nada. Sin embargo, llevaba nuestros dolores, soportaba nuestros sufrimientos. Aunque nosotros lo creíamos castigado, herido por Dios y humillado, eran nuestras rebeliones las que lo traspasaban, y nuestras culpas las que lo trituraban. Sufrió el castigo para nuestro bien y con sus llagas nos curó. Andábamos todos errantes como ovejas, cada cual por su camino, y el Señor cargó sobre él todas nuestras culpas. Cuando era maltratado, se sometía, y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa ni justicia se lo llevaron y nadie se preocupó de su suerte. Lo arrancaron de la tierra de los vivos, lo hirieron por los pecados de mi pueblo; lo enterraron con los malhechores, lo sepultaron con los malvados. Aunque no cometió ningún crimen ni hubo engaño en su boca, el Señor lo quebrantó con sufrimientos. Por haberse entregado en lugar de los pecadores, tendrá descendencia, prolongará sus días, y por medio de él, tendrán éxito los planes del Señor. Después de una vida de aflicción comprenderá que no ha sufrido en vano. Mi siervo traerá a muchos la salvación cargando con sus culpas. Le daré un puesto de honor, un lugar entre los poderosos, por haberse entregado a la muerte y haber compartido la suerte de los pecadores. Pues él cargó con los pecados de muchos e intercedió por los pecadores (Is 53).

 

Es el mismo rol de Jesús: un mensajero de Dios que sufrió en silencio, y que fue acusado, condenado pese a ser inocente, y castigado, para finalmente ser rehabilitado y exaltado por Dios. Y además, en este caso preciso de Isaías, con la característica cristiana de la muerte redentora.

Es más, una antigua celebración judía, el Día de la Expiación, descrita e instaurada en el Levítico 16, guarda en algunos puntos un inquietante parecido con la muerte expiatoria de Jesús. En aquella festividad se realizaba un rito, ordenado siglos atrás por Yahvé a Aarón, que consistía en lo siguiente: se elegían dos chivos para el sacrificio de expiación y un carnero para el holocausto. Unos de los chivos debía ser sacrificado en el Templo por el sumo sacerdote (Aarón), pero el otro se le tenía que entregar a Azazel, un demonio que vivía en el desierto, tras un curioso ritual:

 

Hecha la expiación del santuario, de la tienda del encuentro y del altar, Aarón hará traer el macho cabrío vivo, pondrá las dos manos sobre su cabeza, confesará sobre él todas las culpas de los israelitas, todas sus transgresiones y pecados, los descargará sobre la cabeza del macho, y lo enviará al desierto por medio de un hombre designado para ello; el macho cabrío llevará sobre sí todas las culpas a tierra desierta (Lv 16, 20-22).

 

¿No es exactamente eso lo que hizo Jesús, según la reinterpretación paulina? Pablo, como sabrán, estaba firmemente convencido de que la muerte de Cristo sirvió para redimir a la humanidad del pecado. Tanto es así que sobre esto construyó su particular teología, centrada en la cruz y en la posterior resurrección de Jesús, ejemplo perfecto y representativo del tremendo poder de aquel dios.

Pero aún hay más.

El estudioso John Dominic Crossan, en su obra de 1991 The Historical Jesus: The Life of a Mediterranean Jewish Peasant (El Jesús de la historia: vida de un campesino judío), se hizo eco de una historia interesantísima que nos puede ayudar a entender un turbio episodio de este relato de la Pasión ―también es posible que nos deje aún con más dudas―. Resulta que Filón de Alejandría (que vivió entre el 15/10 a.C. y 45/50 d.C.) narró en su obra Contra Flaco cómo el pueblo de Alejandría se burló de una manera muy curiosa de Agripa I, tras ser nombrado rey de los judíos por Calígula, durante la parada que hizo el nuevo monarca en aquella ciudad rumbo a Judea (en el año 38 d.C.) Unos graciosos judíos alejandrinos cogieron a un desequilibrado mental, un tal Carabas, pusieron sobre su cabeza una sábana a modo de tiara, le cubrieron con una estera a modo de manto y le dieron un trozo de papiro enrollado a modo de cetro, para acto seguido fingir su nombramiento como rey y burlarse de él.

No tiene desperdicio:

 

Había un desequilibrado, llamado Carabas, cuya locura no era del tipo furioso y salvaje, que tan peligroso resulta para los propios locos y para todo el que se les acerca, sino de ese otro estilo campechano y gracioso. Se pasaba el día y la noche desnudo por la calle, sin que le arredraran ni el frío ni el calor, haciéndose blanco de las burlas de los muchachos y la gente ociosa. Los sublevados arrastraron al pobre hombre al gimnasio y, colocándolo en un sitio elevado, donde todos pudieran verlo, pusieron sobre su cabeza una sábana de Biblos extendida a modo de tiara, y cubrieron el resto de su cuerpo con una estera a modo de manto real, mientras que otros, viendo un trozo de papiro del país tirado en el arroyo, se lo pusieron en la mano a modo de cetro. Y después de aquella farsa en que se le hacía entrega de las insignias reales y se le vestía como a un rey, unos cuantos jóvenes llevando mazas al hombro, imitando a una tropa de lanceros, se situaron a uno y otro lado de él, como si fueran su guardia. Otros se le acercaban luego como si quisieran saludarlo, o como si se presentaran pidiendo justicia, o para consultarle cuestiones de política. A continuación se levantó entre la muchedumbre que lo rodeaba un griterío tremendo, que lo proclamaba «Marin», título que, según dicen, utilizan en Siria para decir «señor». Pues todo el mundo sabía que Agripa era sirio de nacimiento y poseía una gran parte de ese país, de la cual era rey (Crossan, 428).

 

Dejando claro que este relato no tiene por qué ser la inspiración del episodio de las burlas de los soldados romanos que narran varios Evangelios, entra dentro de lo posible. Este episodio sucedió en el año 38. Sí, es cierto que Jesús tuvo que morir en la cruz, a lo sumo, en el 36, fecha en la que Poncio Pilato fue destituido. Pero ¿es posible que los evangelistas, especialmente Mateo, que escribieron en el último cuarto del siglo i, conociesen este episodio narrado por Filón? Posible es, aunque no tenemos ninguna evidencia que permita afirmarlo, excepto el tremendo parecido que guarda este pasaje con algunas narraciones evangélicas, por ejemplo, esta de Mateo:

 

Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en torno a él toda la tropa. Lo desnudaron y le echaron por encima un manto de color púrpura; trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza, y una caña en su mano derecha; luego se arrodillaban ante él y se burlaban, diciendo: «¡Salve, rey de los judíos!». Le escupían, le quitaban la caña y lo golpeaban con ella en la cabeza (Mt 22, 27-30).

 

Es más, el apócrifo Evangelio de Pedro guarda un parecido incluso mayor. Para Crossan, esta obra apócrifa sería el primer relato escrito sobre la Pasión. Con esto discrepan muchos estudiosos que piensan que en realidad esta versión está inspirada en Marcos o Mateo y que, por lo tanto, es posterior. No lo sabemos, aunque en realidad viene a dar lo mismo. Lo inquietante es el parecido con la historia de Carabas que contaba Filón:

 

Ellos, tomando al Señor, le daban empujones a la carrera y decían: «Arrastremos al hijo de Dios, pues ha caído en nuestro poder». Lo revistieron de púrpura y lo hicieron sentarse sobre el trono del juicio, diciendo: «Juzga con justicia, rey de Israel». Uno de ellos trajo una corona de espinas y la puso sobre la cabeza del Señor. Otros de los presentes le escupían en el rostro, otros le daban bofetadas en las mejillas, otros lo golpeaban con una caña y algunos lo azotaban, diciendo: «Con este honor honremos al hijo de Dios» (EvPed 6-9).

 

Sea como fuere, lo que parece indiscutible es que el autor o los autores del relato original de la Pasión crearon una bella historia a partir de muchos elementos tomados del Antiguo Testamento, lo que permitía, de camino, que con la muerte de Jesús se cumpliesen un montón de profecías que en realidad no se referían a Jesús. Visto así, todo estaba escrito ya. Y el mismo Pablo lo dejó bien claro:

 

Porque yo os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras (1 Co 15, 3-4).

 

Hasta lo de lavarse las manos fue vaticinado por los antiguos escritores bíblicos:

 

Mis manos lavo en la inocencia y ando en torno a tu altar, Señor (Sal 26, 6).

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Ser Madrid Norte. Entrevista “Pongamos…” 3/5/2017

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Tiempo de Adas. 26-4-2017

Entrevistamos al escritor Óscar Fábrega Calahorro acerca de su último libro Pongamos que hablo de Jesús, como presentador invitado tenemos en este programa de Tiempo de hadas al escritor Javier Arries. En la segunda parte contamos vía telefónica con Maite y Paco Ispal de Asociación Ispal, misterios y leyendas. Y como presentadores invitados Sheila Gutiérrez Y Miguel Ángel Tenorio del programa de Radio Vallekas, Misterio en viernes. Arturo y Ricardo y David Castillo completan nuestro equipo de esta tarde.

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Tiempo de Adas. Entrevista “Pongamos…” 27-4-2017

Entrevistamos al escritor Óscar Fábrega Calahorro acerca de su último libro Pongamos que hablo de Jesús, como presentador invitado tenemos en este programa de Tiempo de hadas al escritor Javier Arries. En la segunda parte contamos vía telefónica con Maite y Paco Ispal de Asociación Ispal, misterios y leyendas. Y como presentadores invitados Sheila Gutiérrez Y Miguel Ángel Tenorio del programa de Radio Vallekas, Misterio en viernes. Arturo y Ricardo y David Castillo completan nuestro equipo de esta tarde.

La Voz de Almería: “Óscar Fábrega: “María Magdalena era un apóstol” (01/04/2017)

El escritor almeriense repite con Booket con una ambiciosa investigación en la que aborda la figura de Jesús de Nazaret desde un punto de vista histórico y trata de dar respuesta a los misterios que la rodean. (Marta Rodríguez)
Enlace.
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Óscar Fábrega muestra un ejemplar de ‘Pongamos que hablo de Jesús’, en la puerta de la Catedral de Almería.   La Voz.

El investigador Óscar Fábrega (Almería, 1976) publica su libro más ambicioso, ‘Pongamos que hablo de Jesús’, después de ‘Prohibido excavar en este pueblo’ (Booket, Planeta, 2014) y ‘Compendium Rhedae: 100 años de Rennes-le-Château’ (Círculo Rojo, 2017), escrito junto a Xavi Bonet y Enric Sabarich. La obra se presenta este jueves 6 de abril, a las 18 horas, en el Museo Arqueológico.

¿En qué momento una persona no creyente asume el reto de investigar la vida de Jesús?
Es una cuestión de curiosidad, me fascina lo mucho que se ha especulado sobre el personaje. Tengo muy claro que Jesús existió como personaje histórico, otra cosa es que existiese Cristo, el personaje del que hablan los Evangelios. Jesús ha movido la historia de la humanidad en los últimos 1.800 años, desde que la Iglesia se alió con Roma, el imperio que se cargó a su líder. Desde entonces, todo tiene que ver con el catolicismo: el descubrimiento de América, las cruzadas, la Edad Media.

Pero es que además de la importancia histórica, ha tenido una trascendencia cultura brutal. A mí me gusta llamarlo ‘Jesus pop’ porque es un personaje pop. Incluso los ateos han propuesto cosas alucinantes sobre él: que si era ario, que si era negro.

Las principales fuentes documentales sobre la existencia de Jesús que han llegado a nuestros días están contaminadas porque vienen de creyentes. ¿Cómo las ha interpretado?
Las principales fuentes que tenemos son los propios Evangelios y para mí son la evidencia de que existió. Los cuatro canónicos no surgieron a la vez, sino en una franja de 30 años. El más antiguo es Marcos, los siguientes, Lucas y Mateo y el último, Juan. Y hay una cosa muy curiosa: no coinciden ni en una de las escenas esenciales, la del bautismo de Jesús por parte de Juan el Bautista. Marcos sencillamente la recoge, Lucas y Mateo la modifican intentando resolver el problema teológico de que se bautizase al hijo de Dios, que no podía tener pecados. Digamos que hicieron ‘remakes’ usando el mismo sustrato, pero ampliándolo cada uno a su manera. Y el último evangelista suprimió la escena.

Para mí, ese intento de solucionar problemas teológicos significa que hubo un personaje real. Porque si fuese mentira, estarían de acuerdo. Y hay decenas de ejemplos así.

Y qué opinan los académicos, ¿existió o no?
En la actualidad, el consenso académico es que sí existió un personaje sobre el que se construyó un mito legendario después, pero a principios del siglo XX la mayoría de los estudiosos defendía que no existió o decían que no se podían mojar porque la evidencia era muy escasa.

¿Es más difícil demostrar que no existió o que sí lo hizo?
Claro, cómo explicar si no que 30 años después ya hubiera relatos escritos sobre su vida y que 40 años después ya hubiera cristianos a 2.000 kilómetros de la zona donde vivió. Si no hubiese existido, alguien se lo inventó de una forma tan rápida que se difundió de un modo tremendamente viral. Y si fuese mentira, los Evangelios no tendrían contradicciones, dirían lo mismo. Yo invito a cualquiera a que se los lea de una forma comparativa. Sólo dos hablan de la virginidad de María. Cómo puede ser que Marcos, el más antiguo, no lo haga. Posiblemente porque aún no existía esa leyenda.

Y otra idea: la muerte en la cruz. Si Jesús fuese un personaje ficticio, aun habiéndole querido dar una muerte que lo convirtiera en mártir, no hubiese sido esa. Porque no era la muerte normal, era un castigo que empleaban los romanos para los que atentaban políticamente contra el Imperio. En torno a eso, se construyó el personaje ficticio. Para intentar entenderlo, reinterpretaron el personaje partiendo de referencias del Antiguo Testamento, como la de Isaías que habla de un cordero que se entrega a la muerte para servir como ejemplo. Llegaron a la conclusión de que aquello era un plan divino, de que Jesús tenía que entregarse a la muerte.

Y luego los Evangelios no los escribieron Marcos, Mateo, Lucas y Juan, sino sus seguidores. Las comunidades del cristianismo primitivo. Cada uno de los Evangelios corresponde a una comunidad distinta de cristianos. Luego se fueron mezclando y se recopilaron los textos como uno.

Y a partir de esas comunidades primigenias, aparece la Iglesia.
Jesús habría estado en contra de una institución como la Iglesia, sobre todo porque él no pretendía que su mensaje fuese universal. Yo creo que era un líder judío que quería reformar el judaísmo y a la vez luchar por la independencia de Israel con respecto a Roma. Su mensaje no iba dirigido a la humanidad. Cuando dice eso de ‘Amarás al prójimo como a ti mismo’, no se refiere al otro, sino al otro judío. De hecho, esa frase no es suya, está en el Antiguo Testamento. Ese mensaje fue manipulado porque el objetivo de expansión para esa nueva religión era el Imperio Romano. Por eso, no podía morir por culpa de los romanos, de ahí viene lo de que Pilatos se lave las manos, para exonerar a Roma de la culpa. Finalmente, la Iglesia tuvo que acabar reconociendo que fue Roma quien mató a Jesús.

La Iglesia no sabemos en qué momento se estableció en Roma, como tarde en el 316 cuando Constantino legalizó el cristianismo. En el 325 fue el Concilio de Nicea en el que se aprobó la ortodoxia y, a partir de ese momento, salió con el poder romano y empezó a perseguir todos los cristianismos que no fuesen el suyo.

La Iglesia católica triunfó por su alianza con Roma y por el hecho de que el cristianismo es una religión muy fácil, que casi no te exige nada y tiene algo que ninguna tiene, la confesión y el perdón.

El libro trata de dar respuesta a algunas de las grandes incógnitas que hay en torno a la figura de Jesús. Por ejemplo, la resurrección. ¿Resucitó?
Como historiador no debería entrar en eso, es una cuestión de fe. Pero yo, partiendo del hecho de que es una leyenda, digo que sí es verdad que muy poco tiempo después de la muerte de este señor sus seguidores creían que había resucitado. Eso dentro del ambiente judío era una barbaridad. ¿Por qué pasó? Hay una cosa curiosa y es mi hipótesis principal para explicarlo. Creo que fueron sus propios discípulos los que fingieron la resurrección y existen dos evidencias claves: el Evangelio de Marcos, que es el más antiguo, termina de una forma sorprendente. Los últimos doce versículos son un añadido posterior y se sabe. Lo curioso es que el original termina con María Magdalena en la tumba, donde se encuentra el sepulcro vacío y un ángel le dice: “Ve y di a sus discípulos que Jesús ha resucitado”. Y ella, llena de miedo, no dijo nada. En el añadido posterior, sí aparecen varias escenas de él resucitado.

Y en el Evangelio de Mateo hay un momento increíble cuando los líderes judíos van a pedirle a Poncio Pilatos que ponga seguridad en la tumba no vaya a ser que los discípulos de Jesús se lleven el cuerpo. Es una especie de justificación. Antes de que tú me acuses de habérmelo llevado, yo dejo claro que había soldados romanos vigilando. Parece muy probable que escondieran el cuerpo para alimentar su leyenda.

Otra explicación que se ha aportado es que ellos creyeron verlo después de muerto, algo que suele pasar en las sectas religiosas cuando se está en un estado enajenado. Pero eso no explica por qué Marcos no da ningún episodio de la resurrección y el resto son versiones distintas. Por qué en unos Jesús es un fantasma, una presencia, y en otros un ser físico que come y todo.

Hay un libro apócrifo escrito en la Edad Media por un judío que defiende que  fue Judas el que escondió el cuerpo e hizo ver al resto que había resucitado. Siempre va a ser más probable eso que el hecho de que el tipo resucitara.

¿Y estuvo casado?
Es complicado. Para los judíos es importantísimo, más que el matrimonio, la procreación, que está muy mal vista fuera del matrimonio. Mosquea que no fuese padre, pero hay una posible explicación. Existe un voto, se puede llamar de castidad, que se llama el voto de nazireato que consistía en dejarse el pelo largo, no comer determinados alimentos y no mantener relaciones sexuales. Sansón hizo este voto.

Jesús, aunque lo llamamos de Nazaret, en los Evangelios se le llama el Nazareno que, para ellos, sería Jesús Nazarayos, que es muy parecido a Jesús nazireo, lo que podría venir de este voto. Parece probable que fuese un fanático convencido de que el fin del mundo era inminente y de que, por tanto, era absurda la procreación y renegase de la sexualidad.

¿Y sobre su relación con María Magdalena?
Le he dado muchas vueltas a este tema porque es un personaje muy intrigante. Aparece en los cuatro Evangelios, es la única mujer que lo hace aparte de la Virgen María. Y está en los momentos clave: en la cruz y en la tumba vacía. ¿Quién era? Pienso que era un apóstol de Jesús y uno importante aunque la Iglesia, misógina y machista, siempre ha renegado de esa idea. Pero posiblemente era el apóstol principal.

La Iglesia manipuló la historia y mezcló a tres personajes distintos para hacerlos pasar por María Magdalena, dada la escasez de apariciones que tiene para un personaje tan importante. Son María de Betania, la hermana de Marta y Lázaro de Betania, y la pecadora de Lucas, que de ahí viene su asimilación como una prostituta. A la Iglesia le ha venido de lujo identificarla con esa pecadora para convertirla en el ejemplo perfecto de redención. Porque Jesús no sólo la perdonó, sino que la invitó a estar en los momentos esenciales de su vida. Pero sigue siendo un misterio.

La Iglesia siempre la ha llamado ‘apóstol de apóstoles’. Porque fue la que dijo a los demás que Jesús había resucitado. También es cierto que se ha especulado mucho con eso a raíz de ‘El código Da Vinci’ de Dan Brown.

Es curioso porque en el sur de Francia hay una leyenda que dice que acabó viviendo allí, en la Provenza, y se dejan seducir por la posibilidad no ya de que fuesen amantes, sino de que ella estaba enamorada de Jesús.

¿Y qué hay de verdad en los milagros que asocian a Jesús?
O son mentira, o confundieron milagros con algo que no era. Hay unos cuantos que son falsos, sin duda, porque están en el Antiguo Testamento, por ejemplo lo de andar sobre las aguas. Los más sorprendentes son anteriores a Jesús.

Otros son mosqueantes, de hecho, el Evangelio más antiguo, el de Marcos, define a Jesús como un líder religioso, pero también como un curandero. Hay milagros que son explicables por la sugestión. Es probable que un líder carismático como Jesús tuviese la capacidad de despertar esa sugestión en la gente. Devolver la vista a un ciego no se puede hacer de ninguna manera. En esa época había desconocimiento, la medicina era muy pobre.

Una de las características de Jesús son los exorcismos y eso en realidad puede tener que ver con enfermedades, por ejemplo la epilepsia, que siempre se ha confundido con la posesión diabólica.

Estamos a unos días de la Semana Santa, ¿teme algún tipo de reacción en contra del libro por parte de la Iglesia o de los creyentes?
La temo y la espero a partes iguales. (Risas). Al libro le vendría bien que se dijese que me he atrevido a decir que Jesús fue un guerrillero armado, y lo propongo un poco. Porque nada más leer los Evangelios hay un momento en que dice: “Yo no he venido a traer la paz, sino a traer la espada”. Guerrillero no sería la palabra más correcta, pero sí que fue el líder de un movimiento político y religioso, probablemente armado, como otros muchos de su época.

Yo quiero que lea el libro todo el mundo, pero me encantaría que lo leyesen los cristianos porque si hay una cosa que la Iglesia siempre ha intentado evitar es que lean los Evangelios, siempre. Por eso condenaron a Gutenberg cuando imprimió la Biblia. En el momento en que un cristiano con una mente crítica los lee se da cuenta de que no coinciden.

El protestantismo surge así. Comprueban que no coinciden y empiezan a decir que hay que interpretarlos y que esa interpretación no depende de lo que diga la Iglesia, sino que es libre. Eso a ellos les fastidia el chiringuito, que se basa en que son los guardianes de la palabra de Dios.

Cuando terminé el libro, se lo pasé a tres amigas: dos historiadores y una profesora de Religión que es una ferviente creyente. Yo quería saber si se sentía ofendida, pero le encantó, descubrió cosas que no sabía. Algún fanático no letrado se va a ofender cuando hablemos del Santo Prepucio, pero es que son ellos los que lo han sacado en procesión.

¿Qué es eso del Santo Prepucio?
Jesús se supone que resucitó en cuerpo y alma, y ascendió a los cielos en cuerpo y alma. Ahora bien, qué paso con su prepucio, porque como buen judío  estaba circuncidado. Hay cuadros sobre eso en muchas iglesias, se han escrito libros y existen cinco o seis reliquias del Santo Prepucio. Hasta hace no mucho, había una en el norte de Italia que sacaban en procesión hasta que se la robaron al cura.

Igual que ha escrito sobre Jesús, ¿se atrevería a escribir sobre Mahoma? 
Por desgracia, hay que tener valor para escribir sobre Mahoma. Aunque en España parece que ahora está girando la cosa y no se puede ser crítico con las religiones, en principio no te va a matar nadie por escribir de Jesús a diferencia de lo que ocurrió en el atentado a ‘Charlie Hebdo’. Yo, si me tengo que posicionar, siempre lo voy a hacer a favor del humor y de la libertad de expresión aunque en ello me vaya la vida.

La cuestión es que Mahoma es un personaje aburridísimo, igual que Buda. No tienen nada que ver con Jesús, que es tremendamente rico. Lo interesante de Mahoma es explicar cómo pudo escribir el Corán sin saber escribir, dicen que lo hizo de forma automática. A mí sí me gustaría hacer una historia de las grandes religiones en la que me atrevería a hablar más que de Mahoma, de Alá, aunque quizá en unos años sea más difícil expresarse sobre este tema.