Homo insolitus 25: Un japonés en la Guerra de España

El 17 y el 18 de julio de 1936 varios altos mandos del ejército español se sublevaron contra el gobierno legítimo de la Segunda República de España, compuesto por una coalición de izquierdas, el Frente Popular, formada por el PSOE, el PCE y otros partidos minoritarios. El golpe de estado, que llevaba gestándose varios meses, fracasó porque otros muchos altos mandos mostraron fidelidad al gobierno. La consecuencia, como ya sabrán, fue el inicio de la Guerra Civil española, una terrible guerra fratricida que terminó casi tres años después, el 1 de abril de 1939, dando inicio a la larga dictadura franquista, a la que solo pudimos poner fin con la muerte del dictador en la cama, el 20 de noviembre de 1975.

Europa se encontraba también al borde del precipicio. Las democracias europeas estaban enfrentadas a la Alemania de Hitler y a la Italia de Mussolini, y todos temían a la Unión Soviética de Stalin. Inglaterra y Francia decidieron que era mejor no intervenir en apoyo a la República para evitar una escalada bélica; en cambio, Stalin se posicionó a favor del gobierno, mientras que los fascistas apoyaron desde el principio a los sublevados. Así, aunque la guerra fue entre españoles, decenas de miles de soldados extranjeros lucharon en la Guerra Civil, convertida, además, en campo de pruebas del armamento que unos años después se emplearía en la Segunda Guerra Mundial.

Dada la negativa de Inglaterra y Francia a inmiscuirse en el conflicto, muchos voluntarios de izquierdas de ambos países decidieron viajar a España para apoyar a la República. A ellos se les unieron ciudadanos antifascistas de cerca de cincuenta países, muchos procedentes de las potencias fascistas, Italia y Alemania. Se calcula que fueron entre 40.000 y 60.000 los voluntarios que vinieron a España a luchar por la libertad. Cerca de un tercio murieron.

Y entre ellos había un japonés, el único que luchó en la Guerra Civil, un señor llamado Jack Shirai que formó parte del famoso Batallón Lincoln, un grupo de soldados estadounidenses (aunque también había cubanos y portorriqueños), integrado en las Brigadas Internacionales, que en su mayoría pertenecían al minoritario Partido Comunista de los Estados Unidos.

Jack Shirai nació en Japón hacia 1900, aunque no se conoce ni la fecha exacta ni el lugar (se cree que era de la zona de Hokkaido, al norte del país). En realidad, lo poco que conocemos sobre su vida se debe a varios autores japoneses (Ayako Ishigaki, que le conoció en persona es Nueva York, y You Kawanari) que, tras interesarse en el tema, comenzaron a indagar en la vida de Shirai. Gracias a ellos sabemos que era huérfano y que recibió su nombre en un orfanato regentado por sacerdotes franceses del monasterio trapista de Tobetsu; que fue marino mercante en Japón, aunque estaba destinado a la cocina; y que a los veintinueve años emigró ilegalmente a Nueva York, donde estuvo viviendo un tiempo. Es decir, llegó a la Gran Manzana, al puente de Ellis Island, justo antes del crack del 24 de octubre de 1929.

Allí trabajó como cocinero en algunos restaurantes japoneses (entre ellos el que regentaban Ayako Ishigaki y su esposa) y tomó contacto con los comunistas de la ciudad. Al poco tiempo ya estaba repartiendo propaganda y organizando manifestaciones. La crisis económica estaba exponiendo las deficiencias del capitalismo, y el comunismo, aunque hoy nos parezca mentira, llegó a crecer exponencialmente en Estados Unidos.

En 1936, cuando llegaron las noticias del estallido de la guerra en España, Jack Shirai decidió unirse a los cientos de americanos que estaban dispuestos a luchar contra el fascismo. Así, tras un breve paso por Francia a finales de aquel año, llegó a Madrid en enero del año siguiente y colaboró un tiempo en la resistencia de la ciudad, hasta que poco después se marchó a Albacete, centro estratégico de las Brigadas Internacionales.

Fue destinado a cocinas en la XV Brigada Internacional, conocida como la Brigada Lincoln (formada por varios batallones, entre los que estaba el propio Batallón Lincoln, formado por unos 500 soldados), aunque un tiempo después le colocaron en artillería. Según dijeron algunos compañeros, decía que había venido a matar fascistas, no a cocinar. Harry Fisher, un brigadista estadounidense que luchó junto a Shirai, mencionó en su libro Comrades: Tales of a Brigadista in the Spanish Civil War («Camaradas: historias de un brigadista en la Guerra Civil Española») que habían hablado de montar juntos un restaurante en Nueva York cuando terminase la guerra, en el que siempre comerían gratis todos los que hubieran peleado en España.

Durante unos meses estuvo luchando por todo el frente de Madrid, combatiendo en batallas tan importantes como la del Jarama (entre el 6 y el 27 de febrero de 1937), hasta que en la batalla de Brunete, el 8 de julio de 1937, perdió la vida de un disparo que recibió cuando salió de la trinchera para auxiliar a un camión con víveres que había quedado bloqueado en mitad del campo de batalla. Peter O’Connor, un irlandés que luchó también en el Batallón Lincoln, relató los momentos finales de Shirai en su libro Soldiers of Liberty, Recollections of a Socialist and Anti-Fascist Fighter («Soldados de la libertad: Recuerdos de un luchador socialista y antifascista»): «Mientras estábamos tomando un respiro, estaba sentado al lado de Jack Shirai cuando recibió una bala explosiva en la frente. Murió al instante. Todos lamentamos mucho perder a un gran antifascista japonés».

En Brunete, por cierto, estuvo a las órdenes del capitán Oliver Law, el primer oficial afroamericano estadounidense al mando de un batallón (hasta la Guerra de Corea, en los años cincuenta, no hubo ninguno más, ni siquiera en la Segunda Guerra Mundial), otro Homo insolitus del que algún día espero hablarles, que también falleció en Brunete.

No se sabe dónde fue enterrado, aunque existe una imagen de su entierro, publicada en el libro de Fisher, y se cree que, como tantos otros caídos en aquella batalla, sus restos están en el Cerro del Mosquito.

No piensen que en Japón le han rendido los honores justos y necesarios… Sirva esta escueta reseña como nuestro particular homenaje a este brigadista que vino a luchar por la libertad y por España.

Gracias por venir.

Post Scriptum. Gracias al bueno de Félix Martín por hacerme llegar esta fascinante historia. Eternamente agradecido.

Publicado el domingo 05-11-2017 en La Voz de Almería

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