Homo insolitus 15: Monesvol

A comienzos del año 2005 comenzó a circular una carta, dirigida a la Kansas State Board of Education («Junta de Educación del Estado de Kansas»), en la que se decía, entre otras cosas, lo siguiente:

«Les escribo para mostrarles mi preocupación después de haber leído que están considerando si la teoría alternativa del Diseño Inteligente se debería estudiar a la vez que la teoría de la Evolución… Déjenme recordarles que hay varias teorías sobre el Diseño Inteligente. Yo, y muchos otros a lo largo del mundo, somos de la firme convicción de que el universo lo creó un Monstruo de Espagueti Volador. Fue Él quien creó todo lo que vemos y percibimos. Yo y, como yo, otra mucha gente en todo el mundo, somos de la firme creencia de que las abrumadoras pruebas científicas que apoyan las teorías evolutivas no son sino coincidencias orquestadas por Él».

Sorprendente, ¿no? Quizás no lo es tanto cuando se entiende el origen de esta historia. El protagonista, y el autor de esta misiva, se llama Bobby Henderson, un físico licenciado (aunque nunca ha ejercido), que ofreció una magistral y satírica respuesta a una curiosa situación que estaba sucediendo en algunos estados de Estados Unidos, entre los que se encontraba Kansas, su estado.

Resulta en las escuelas públicas estadounidenses ni está permitido hacer proselitismo de una religión en concreto, ni existen asignaturas dedicadas a ello; además, como es lógico, a la hora de explicar cómo se ha desarrollado la vida en este nuestro planeta, se enseña la Teoría de la Evolución, formulada por el bueno de Darwin, demostrada con enorme evidencia por sus seguidores, y aceptada mayoritariamente por los científicos de todo el mundo.

Pues bien, en los años noventa, una serie de científicos de ideología conservadora y liberal ―liberal a la americana, ya saben―, relacionados en su mayoría con el Discovery Institute, un think tank derechista que lucha contra la deriva materialista que asola el mundo, comenzaron a propagar lo que se conoce como Teoría del Diseño Inteligente ―bonito eufemismo―, según la cual tanto el Cosmos como los seres vivos solo pueden explicarse mediante la acción de una agente inteligente, no por el caos, el azar y la selección natural de la que hablan los descreídos.

Lo que viene siendo un lavado de cara del creacionismo de toda la vida de Dios.

Pero mucho más peligroso, ya que viene camuflado de ciencia. ¿El argumento? Tan sencillo como falaz: la evidencia, supuesta, contra la evolución, supone una prueba de la existencia de un diseñador inteligente. Es decir, lo que la evolución, Darwin y todas estas gentes de mal vivir no pueden explicar por ahora, lo explican ellos, aunque sin atreverse a pronunciar el nombre de Dios. Rellenan huecos. El Dios de los huecos.

A nosotros, los europeos, herederos desagradecidos de la Ilustración, nos puede parecer chocante, pero, estos defensores del diseño inteligente se empeñaron en promover su no-teoría en las escuelas estadounidenses, consiguiéndolo, de manera efímera, en algunos centros de enseñanza.

Y es aquí donde entra nuestro Homo insolitus de esta semana, Bobby Henderson, el autor de la carta de las que les hablaba hace un momento, un ateo convencido que no daba crédito a un debate que se había generado en su estado, Kansas, sobre si se debía dar el mismo número de horas lectivas a la Evolución que al Diseño Inteligente. Ante esto, Henderson, ideó una alocada broma satírica que terminó convirtiéndose en un movimiento global: la religión del Monstruo de Espagueti Volador, Monesvol para los amigos.

Henderson defendía, con la misma falacia que los creacionistas defienden lo que defienden, que su religión, al estar basada en la ciencia, también debería enseñarse en las escuelas. Es más, al contrario de los defensores del D.I., su propuesta sí se mojaba y proponía toda una cosmogonía: somos, nosotros y el cosmos, una creación de un monstruo de espagueti  con albóndigas que flota en el espacio interespacial, una cachonda divinidad que controla el devenir de su obra con sus larguísimos, invisibles y omnipresentes apéndices tallarinescos.

«Quedo esperando su respuesta con gran interés, y deseo sinceramente no tener que llegar a tomar acciones legales. Pienso que todos podemos vislumbrar el momento en el que a las tres teorías sobre la creación se les conceda el mismo tiempo en nuestras asignaturas de ciencias en todo el país, y posteriormente en el mundo: un tercio para el Diseño Inteligente, un tercio para el Monstruo de Espagueti Volador y un tercio para la conjetura lógica basada en las abrumadoras pruebas observables».

Sobra decir que no le hicieron ni caso, aunque, finalmente, no se aprobó la enseñanza del D.I. en Kansas ―no crean, lo siguen intentando en este y en otros cuantos estados, pese a diversas sentencias judiciales que han puesto a freno a sus aspiraciones―. Pero lo que comenzó siendo una broma local terminó haciéndose viral, como dicen los millenials, gracias a Internet. Había nacido el pastafarismo, una maravillosa propuesta religiosa que promete un cielo lleno de volcanes de cerveza ―también hay en el infierno, pero está rancia― y strippers, masculinos y femeninos, para el gozo de los fieles de Monesvol. ¿Sus símbolos? Los pueden imaginar: un tenedor, que representa su autosacrificio redentor, y un colador.

Por desgracia, y pese al ímpetu con el que lo han intentado los rastafaris estadounidenses, aún no ha conseguido ser reconocidos en ningún estado como religión, por lo que no pueden beneficiarse de las subvenciones ni de los incentivos fiscales de estas asociaciones. Unos tanto y otros tan poco.

En otros países han tenido una suerte similar, aunque en Nueva Zelanda, en abril de 2016, se celebró la primera boda pastafari legalmente reconocida, y unos años antes, en 2011, el austriaco Niño Alm consiguió que se le permitiese salir en su foto del DNI con un colador en la cabeza. Aunque también es cierto que en Rusia sus actividades han sido perseguidas, incluso de forma violenta, por lo ortodoxos cristianos, que no están para tonterías.

«Con millones, si no miles de fieles devotos, la Iglesia del MEV es ampliamente considerada una religión legítima incluso por sus opositores, principalmente fundamentalistas cristianos, quienes han aceptado que nuestro dios tiene las bolas más grandes que el suyo»; dijo en alguna ocasión Henderson. Eso sí, y ya para acabar, consiguió trincar 80.000 dólares, a finales de 2005, como adelanto para el que sería su primer libro, El Evangelio de Monstruo de Espagueti Volador, publicado en marzo de 2006, todo un exitazo que a día de hoy le sigue proporcionando numerosos dividendos. La obra lo merece y además, como dijo Jesús, no solo de Dios vive el hombre. ¿O era de pan?

Ramén.

Publicado el domingo 30-07-2017 en La Voz de Almería

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