Homo insolitus 48: «My sweet sixteen»

Entre 1920 y 1951, un señor de origen letón llamado Edward Leedskalnin, construyó en Florida una increíble y misteriosa obra que él mismo denominó como Rock Gate Park (Parque la Puerta de Roca), aunque en la actualidad se le conoce como Coral Castle (El Castillo de Coral). Lo extraño es que este señor, de apenas metro y medio, construyó esta magna obra sin ayuda de nadie. Y no solo eso…

Leedskalnin nació en 1887 en Riga, Letonia, en el seno de una humilde familia de granjeros, circunstancia que le impidió desarrollar unos estudios elementales y que le llevó a dedicarse a la albañilería desde niño.

En 1912, cuando ya contaba veinticinco primaveras, estuvo a punto de casarse con una joven de 16 años llamada Agnes Scuffs, de la que estaba profundamente enamorado, pero le abandonó el día antes del enlace. Devastado, y decidido a romper con todo, tomó la decisión de cruzar el charco y construir una nueva vida en Estados Unidos. Así, tras un tiempo en Europa occidental y Canadá, se instaló en el estado norteamericano de Washington, en la costa oeste, donde comenzó a trabajar como leñador; pero contrajo tuberculosis y decidió partir en busca de un clima cálido más favorable para su arruinada salud. Finalmente, en 1918, con 31 años, se compró un terrenillo de un par de hectáreas en Florida City, al sur del estado homónimo, muy cerca del Parque Nacional de los Everglades.

Aún seguía añorando a la joven Agnes, su perdido amor letón, a la que siempre llamaba «My sweet sixteen» («mis dulces dieciséis»). Y decidió hacer algo. Pese a que Leedskalnin era un hombre menudo y enfermizo, comenzó a construir en secreto una monumental obra en honor a su amada, siempre esperando a que algún día decidiese volver con él.

En aquella zona abunda la roca de coral y decidió que ese sería el material que emplearía. Solo tenía que picar en el suelo. Pero estaba solo. Siempre lo estuvo. Y apenas contaba con unas rudimentarias herramientas. La leyenda cuenta que le gustaba trabajar de noche, para evitar a los incómodos curiosos que estuviesen por allí olisqueando, pero se conservan varios fotos en las que se le ve trabajando a plena luz del día, lo que también contradice la extendida idea de que nadie le vio trabajar en sus construcciones.

En pocos años había levantado un montón de gigantescas esculturas de coral.

No faltaban los detalles en aquel hogar imaginario que levantó. Erigió un trono para él y otro para su esperada «reina», y justo enfrente levantó una gigantesca mesa con la forma del estado de Florida, con el lago Okeechobee representado como un agujero lleno de agua;  y una mesa con forma de corazón, en la que, según comentaba a los visitantes, tendría cenas románticas con su amada. Además, fabricó unas veinticinco mecedoras, cada una formada por una sola pieza de coral colocada sobre una piedra curva que permitía un sutil balanceo. Y, por supuesto, un par de camas.

A medida que levantaba aquel coloso de piedra, la curiosidad de sus vecinos, y de los turistas que visitaban la baja Florida, fue en aumento, y pronto comenzó a recibir visitantes. Ed los recibía encantado. A los nuevos les cobraba una tarifa módica, 10 centavos; a los que ya habían ido antes, si eran de su agrado, los dejaba entrar sin pagar —hoy en día, la entrada al Coral Castle cuesta 18 dólares.

Pero lo curioso viene ahora.

En 1936, tras más de quince años trabajando en su monumental obra, y debido al aumento de población que experimento Florida City, decidió mudarse a la cercana localidad de Homestead (a unos cinco kilómetros), donde se hizo con una finca de unos diez acres (cuatro hectáreas).

Dedicó los tres siguientes años a trasladar, piedra a piedra, todas las estructuras que había levantado en Florida City gracias a un viejo chasis de camión y a un amigo que le alquiló un tractor. Una vez más, lo hizo todo solo.

En 1940, una vez finalizado el traslado, comenzó a erigir las gigantescas paredes de coral de unos dos metros y medio de altura y un metro y pico de ancho, cuyo peso promedio es dos veces superior al de los bloques empleados en la pirámide de Keops (el mayor de estos bloques pesa 29 toneladas).

Uno de los lugares más interesantes del Coral Castle es lo que Leedskalnin llamó la «esquina del arrepentimiento». Se trataba de dos huecos tallados en la roca, con forma de cerilla, por los que se podía introducir la cabeza de una persona. Según contaba, lo había construido para que en un futuro, si se portaba mal su esposa, o sus hijos, fuesen castigados…

Además, quiso plasmar su pasión por la astronomía en algunas de sus obras. Por ejemplo, muy cerquita del muro norte, esculpió una gigantesca roca, de unos ocho metros de altura, con un agujero perfectamente orientado hacia la Estrella Polar; y en otro de los muros colocó unas enormes representaciones de la Luna en cuarto creciente, Saturno, Marte y Venus. Por si fuera poco, fabricó un reloj de sol que tiene una curiosa particularidad: solo marca las horas de nueve de la mañana a cuatro de la tarde, ya que pensaba que esas eran las horas durante las que tenía que trabajar el hombre, ni antes ni después.

Pero la obra más fascinante fue la colosal puerta de nueve toneladas que situó en la entrada al castillo y que, pese a su peso, se podía abrir con un solo un dedo. De hecho, a mediados de los años ochenta se desencajó y tuvo que venir un equipo de seis hombres con maquinaria pesada para levantar el bloque de roca y situarlo en su sitio exacto. No lograron que quedase tan equilibrada como estaba.

Justo al lado colocó una placa con la inscripción «verás un logro inusual».

Y es que todas aquellas construcciones no parecían obra de un iletrado aficionado. El propio Edward Leedskalnin afirmaba, cuando le preguntaban, que los métodos de construcción que habían empleado sobrepasaban lo común y que se basaban en sus propios estudios sobre los campos magnéticos terrestres y energía. Defendía haber conseguido controlar las leyes de la gravedad y el equilibrio y que su técnica, que nunca desveló, era la misma que habían empleado los constructores de las pirámides de Egipto. No en vano, tras su muerte comenzaron a aparecer rumores de que había quien le había visto hacer levitar las piedras, y en la actualidad muchos aseguran que nadie sabe cómo hizo Leedskalnin todo aquello. No tienen en cuenta las numerosas fotografías en las que se le ve levantando piedras gracias a un trípode formado por postes de madera. Aunque era autodidacta, había conseguido dominar los principios físicos que varios siglos atrás habían permitido a Arquímedes sacar del mar un buque de guerra cargado con solo un aparejo de poleas y su propia fuerza. Que también tiene su mérito, ojo.Por si fuera poco, escribió varios tratados, muy básicos e infantiles, sobre sus poco convencionales teorías acerca del magnetismo terrestre y su relación con la energía corporal.

Leedskalnin falleció el 7 de diciembre de 1951 de un cáncer de estómago. Al parecer, en su habitación se encontró un curioso escrito: «El secreto del universo es 7129/6105195», que algunos han querido interpretar como algún tipo de código.

Las puertas del Coral Castle se encuentran abiertas en Homestead, en la intersección de South Dixie Highway (la carretera que lleva a los Cayos de Florida) y la SW 157th Avenue.

Agnes, como pueden imaginar, nunca volvió con él.

Publicado el domingo 27-05-2018 en La Voz de Almería

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