Homo insolitus 55: El prenauta

Hoy les voy a hablar de un personaje sensacional y curiosísimo, pese a que su existencia histórica no está probada. Se trata de un señor llamado Alonso Sánchez, oriundo de Huelva, que, según la leyenda, a mediados del siglo XV, unos años antes que Cristobal Colón, habría llegado a América. Por este motivo, es conocido como el Prenauta. Esta es su historia.

El primero en ponerle nombre y apellidos fue el Inca Garcilaso de la Vega, cuyo nombre real, por cierto, era Gómez Suárez de Figueroa, en un escrito suyo titulado Comentarios Reales (publicado en 1609). En esta obra contaba que, siendo niño, había escuchado de boca de algunos conquistadores la historia de un señor llamado Alonso Sánchez de Huelva, un marinero natural del Condado de Niebla, en Huelva, dueño de un pequeño navío con el que solía llevar mercaderías de España a las Islas Canarias, y de estas a Madeira, para regresar a España con frutas, azúcar y conservas.

En uno de sus viajes, una fuerte tormenta arrastró su barco y lo llevó a la deriva. Y así anduvo durante 28 o 29 días, «sin saber por dónde ni adónde, porque en todo este tiempo no pudo tomar el altura por el sol ni por el Norte». Una vez que se disipó aquella interminable tormenta, se dieron cuenta de que se encontraban cerca de una isla desconocida, aunque, según el Inca Garcilaso, pudo tratarse de la Santo Domingo, debido a que el viento solano suele arrastrar las tormentas desde las Canarias hasta aquella zona del Caribe.

Alonso saltó a tierra, anotó la altura a la que se encontraban y escribió sobre todo lo que encontró en aquella misteriosa tierra. Y decidió regresar, no sin antes hacerse de un buen cargamento de agua, leña y provisiones para el viaje de vuelta a España. Pero no fue suficiente: el viaje de regreso era más largo de lo que había pensado y en el camino comenzaron a escasear los víveres. La mayor parte de la tripulación falleció en el trayecto: solo llegaron cinco (de diecisiete), entre ellos Alonso.

Garcilaso cuenta que fueron a parar a casa del famoso Cristóval Colón, porque supieron que era gran navegante. Pero llegaron tan agotados y exhaustos que, en unos días, fallecieron todos, «dexándole en herencia los trabajos que les causaron la muerte». El Inca, en definitiva, consideraba que aquel había sido «el primer principio y origen del descubrimiento del Nuevo Mundo, de la cual grandeza podía loarse la pequeña villa de Huelva, que tal hijo crió».

Además, dijo algo muy importante: gracias a esta información, que Colón mantuvo en secreto, consiguió convencer a los Reyes Católicos. «Si no fuera por esta noticia que Alonso Sánchez de Huelva le dio, no pudiera de sola su imaginación de cosmografía prometer tanto y tan certificado como prometió ni salir tan presto con la empresa del descubrimiento».

Pero hay más. Bartolomé de las Casas, un fraile dominico que escribió sobre la conquista de América, se hizo eco de esta leyenda un tiempo antes (en su Historia de las Indias, publicada en 1875), aunque no mencionó el nombre del protagonista:  «según tengo entendido, que cuando determinó encontrar un príncipe cristiano que le ayudase e hiciese espaldas, ya él tenía certidumbre que habría de descubrir tierras y gentes en ellas, como si en ellas personalmente hubiese estado (de lo cual cierto yo no dudo)».

Y no fue el único: Francisco López de Gómara, en su Historia General de las Indias (cuyo primer tomo se publicó en 1552), también mencionó esta historia, aunque muy brevemente, unos años antes que el Inca Garcilaso. Y también fue mencionado con anterioridad por el padre José de Acosta, un jesuita y naturalista español que defendía que los autóctonos americanos descendían de antiguas poblaciones que habían cruzado el mar por el estrecho de Bering. De Acosta dijo lo siguiente: «Porque pues assí suscedió en el descubrimiento de nuestros tiempos cuando aquel marinero (cuyo nombre aún no sabemos, para que negocio tan grande no se atribuya a otro autor sino a Dios), haviendo por un terrible e importuno temporal econoscido el Nuevo Mundo, dexó por paga del buen hospedaje a Cristóval Colón la noticia de cosa tan grande. Assi pudo ser».

Algunos críticos, como Juan Pérez de Guzmán y Gallo, un periodista e historiador nacido en Ronda, en su obra Precursores fabulosos de Colón. Alonso Sánchez de Huelva. (La Ilustración Española y Americana), de 1892, consideran que se trata de un simple intento de desacreditación de la figura de Colón, una fábula malintencionada que tenía por objetivo rebajar la gloria del almirante.

Lo curioso es que ese mismo año, 1892, un tal Baldomero de Lorenzo y Leal, publicó un libro titulado Cristóbal Colón y Alonso Sánchez, ó el primer descubrimiento del Nuevo Mundo, también se hico de este asunto que, sin duda, estaba de moda.

Recapitulando. Es cierto que Colón parecía saber a dónde iba. En las Capitulaciones del Almirante don Cristóbal Colón (las Capitulaciones de Santa Fe), firmadas por los Reyes Católicos meses antes de que tuviese lugar la primera expedición colombina en 1492, se habla en el primer párrafo de «lo que ha descubierto en las mares Océanas y del viaje que ahora, con la ayuda de Dios, ha de hacer por ellas en servicio de vuestras altezas». Si tenemos en cuenta las enormes concesiones políticas y económicas que le prometieron a Colón los Reyes Católicos, raras teniendo en cuenta quienes eran, cabe plantearse que tenían garantías de un éxito asegurado.

El propio hijo de Colón, Hernando Colón (1488-1539), en su obra póstuma Historia del Almirante Don Cristóbal Colón (escrita en 1539 y publicada en 1571) parece hacerse eco de este mito: «Siendo esto así, argumentaba que entre el fin de España y los términos de la India conocidos entonces, había muchas islas y tierras, como la experiencia ha demostrado. A lo que daba más fácilmente crédito, movido por algunas fábulas y novelas que oía contar a diversas personas y a marineros que traficaban en las islas y los mares occidentales de los Azores y de la Madera. Noticias que, por cuadrar algo a su propósito, las retenía en su memoria».

Así, aunque no hay evidencia alguna de esta historia, y la mayor parte de los historiadores no la creen, otros muchos no la descartan. Tendría mucho más sentido la ruta que empleó Colón, que sería intencionada y según los datos aportados por Alonso de Huelva, algo más creíble que la versión oficial, que defiende que Colón se encontró con el continente por accidente, gracias a su intuición y a algunos datos geográficos erróneos.

Por cierto, en la bella ciudad de Huelva se le dedicó una estatua a Alonso Sánchez, además de una calle, un parque, un instituto de Educación Secundaria y un barco de Salvamento. En el pedestal de su estatua, realizada por Antonio León Ortega en 1970, aparece la siguiente leyenda: «Al marino Alonso Sánchez de Huelva, predescubridor de Nuevo Mundo».

Publicado el domingo 30-09-2018 en La Voz de Almería

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