Homo insolitus 63: Una heroína liberal

Mariana Pineda nació y murió en Granada. Nació el 1 de septiembre de 1804 en el seno de una familia atípica. Su padre, Mariano de Pineda, granadino, capitán de barco y caballero calatravo, nunca se casó con su madre, María de los Dolores Muñoz, sevillana. Se desconoce el motivo, aunque sabemos que, antes de nacer Mariana, tuvieron a una hija en Sevilla que falleció al poco tiempo de nacer; y que la relación nunca fue placida. Tanto es así que, cuando Mariana tenía solo un año, su padre consiguió su tutela. No duró mucho, ya que el hombre padecía una enfermedad crónica que pronto acabaría con su vida. La joven niña quedó al cargo de su tío paterno, que a su vez la cedió a una pareja que trabajaba para él, José de Mesa y Úrsula de la Presa. Fueron estos los que criaron a Mariana… Y los que se apoderaron de las posesiones que había heredado de su padre; posesiones que nunca recuperó.

Si complicada fue su infancia, debido a su condición de hija no reconocida, más complicada fue su adolescencia. Se casó con tan solo quince años con un ex militar llamado Manuel de Peralta, con el que tendría dos hijos, José María (1820) y Úrsula María (1821). Poco tiempo después de nacer el segundo, enviudó. Tenía solo dieciocho años.

Justo en aquella época, España estaba viviendo una época convulsa que ha pasado a la historia como el Trienio Liberal. Resumiendo: Fernando VII regresó, aclamado, en 1814, y lo primero que hizo fue cargarse las reformas políticas y legislativas de la constitución de Cádiz de 1812, la Pepa, restableciendo así el Antiguo Régimen y el poder absoluto del monarca. Los liberales se vieron obligados a huir, aunque desde la sombra orquestaron varios intentos de derrocar al Borbón. Él último de ellos, dirigido por el teniente coronel Rafael de Riego, tuvo lugar el día de año nuevo de 1820. Este golpe militar, conocido como el Pronunciamiento de Riego, triunfó y dio pasó al citado Trienio Liberal. Fernando VII se vio obligado a jurar la Pepa y a suprimir la Inquisición, que aún existía. Pero no duró mucho. Francia decidió que había que ayudar al monarca y, gracias a los Cien Mil Hijos de San Luis, Fernando VII fue repuesto, se dieron por finalizados estos tres años de efervescencia liberal y comenzó la Década Ominosa (1823-1833).

Pues bien, Mariana abrazó con entusiasmo esta causa y, después del trágico desenlace, simbolizado a la perfección por el ahorcamiento público de Riego, se dedicó durante años a ayudar a los liberales perseguidos. Por esa misma época se casó con el abogado José de la Peña, padre de la que sería su tercera hija, Luisa (1829).

A finales de la década de 1820 parecía inminente un levantamiento liberal generalizado en Andalucía, encabezado por el general José María Torrijos. Se llegó incluso a fijar una fecha: el 20 de marzo de 1831. Pero Francisco Calomarde, ministro de Justicia de Fernando VII, estaba al tanto y logró evitar el golpe. Así, el 18 de marzo, dos días antes, Mariana Pineda fue detenida, acusada de colaborar con la insurrección.

En su casa de Granada encontraron una bandera a medio bordar, “señal indubitada del alzamiento que se forjaba”.

No la llevaron presa, sino que fue retenida en su propio domicilio. Craso error. Tres días después consiguió escapar disfrazada de anciana, pero el guarda que estaba encargado de su custodia consiguió detenerla. Fue entonces cuando la encerraron en el convento de las Arrecogidas (prostitutas) Santa María Egipcíaca.

Las autoridades tenían claro que no se trataba de una dirigente del frustrado golpe, pero la retuvieron con la esperanza de que cantara y les dijera los nombres de los implicados. No lo hizo. “Nunca una palabra indiscreta escapará de mis labios”, dijo.

Y fue juzgada. ¿El motivo? La dichosa bandera, “el signo más decisivo y terminante de un alzamiento contra la soberanía del Rey N.S. y su gobierno monárquico y paternal”. No sabemos cómo era aquella bandera. Según el expediente, era un paño morado con un triángulo en el centro, en cuyos lados aparecían tres palabras bordadas en rojo, igualdad, libertad y ley, y algunas letras sueltas que no pudieron identificarse.

Le acusaron de rebelión contra España y el monarca, delito que estaba castigado con la muerte. La defensa planteó que no se trataba de una bandera liberal, sino de una enseña masónica. Como las mujeres no podían pertenecer a la masonería, solo se le podía acusar de relacionarse con una secta prohibida, pero no de rebelión. En efecto, esa bandera tenía mucho que ver con la masonería: los colores morados y verde corresponden al grado 22 (Caballero de la Real Hacha) del rito escocés rectificado; y el triángulo es un icono claramente masónico.

Pero claro, los masones estaban relacionados con los movimientos liberales subterráneos de aquella época, así que de poco sirvió esta defensa. Al contrario.

Fue condenada a muerte.

Se le ejecutó en el Campo del Triunfo, mediante el terrible garrote vil, el 26 de mayo de 1831. Tenía 26 años de edad. Granada lloró su muerte.

No tardó en convertirse en una mártir y en un símbolo de la lucha por la libertad.

Algunas fuentes consideran que en realidad todo fue un montaje y que la policía introdujo la bandera en casa de Mariana para poder acusarla de cómplice de la frustrada rebelión liberal. Es bastante posible.

 

¡Oh! Qué día tan triste en Granada,
que a las piedras hacía llorar
al ver que Marianita se muere
en cadalso por no declarar.

Publicado el domingo 13-01-2019 en La Voz de Almería

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