De héroe a falso culpable

El 27 de julio de 1996, pasada la medianoche, un artefacto explosivo estalló en el Centennial Olympic Park, un espacio abierto diseñado para que funcionase como plaza centra de los Juegos Olímpicos de verano que tuvieron lugar en Atlanta, Estados Unidos, en aquel año. Allí estaban reunidas miles de personas para un concierto del grupo Jack Mack & the Heart Attack.

Como consecuencia del atentado falleció Alice Hawthorne y hubo más de cien heridos —también murió de un infarto un cámara de televisión turco, Melih Uzunyol—. No se produjeron más víctimas gracias a que un anodino guardia de seguridad llamado Richard Jewell descubrió una mochila militar sospechosa debajo de un banco, cerca de una torre de iluminación, y alertó, nueve minutos después, a la policía. Jewell y sus compañeros comenzaron a despejar la plaza de gente y a preparar el terreno para los artificieros. Desafortunadamente, la bomba estalló antes de que todos los asistentes al evento hubiesen abandonado la plaza.

Richard Jewell, nuestro Homo insolitus de hoy, nacido en Danville, Virginia, el 17 de diciembre de 1962, fue considerado un héroe en un primer momento, pero tan solo cuatro días después del atentado los medios comenzaron a divulgar que las autoridades le estaban investigando como posible sospechoso. No andaban desencaminados. En efecto, el FBI llegó a la conclusión de que el terrorista debía ser un lobo solitario; consideraron que Jewell era una person of interest y comenzaron a investigarle. No tardó en extenderse la sospecha sobre él. Un tipo corpulento, con aspecto de bobalicón, soltero y que, pese a tener 33 años, vivía con su madre…

Nunca llegó a ser arrestado, pero ya era tarde. Los medios le hundieron en la miseria y su imagen quedó dañada inexorablemente.

Jewell dejó de ser sospechoso unos meses más tarde, en octubre de 1996; además, a principios de 1997 se produjeron dos nuevos atentados con bombas similares en una clínica abortista y en un club gay cerca de Atlanta. Poco después, un nuevo artefacto explotó en otra clínica, en esta ocasión de Birmingham, Alabama, matando a un guarda de seguridad. Gracias a las cámaras de seguridad y al testimonio de algún testigo, el FBI dio con un tal Eric Robert Rudolph, que se convirtió en el principal sospechoso. Por desgracia, este tipo inició una huida que duró más de cinco años y que le acabó convirtiendo en el fugitivo más buscado del país. Finalmente, fue detenido el 31 de mayo de 2003 en Murphy, Carolina del Norte, y en 2005 fue condenado a cuatro condenas de cadena perpetua por los cuatro atentados.

Durante los interrogatorios expresó que su motivación era política: quiso atentar contra las Olimpiadas porque consideraba que eran una expresión del socialismo internacional, y de camino, atacar al gobierno estadounidense por su permisividad con el aborto. Se trataba, en definitiva, de un fundamentalista cristiano de extrema derecha. Uno más.

Jewell, por otro lado, decidió demandar a varios medios de comunicación por difamación (entre otros, el New York Post, la NBC News y The Atlanta Journal-Constitution), así como a la empresa para la que había trabajado, Piedmont College, dado que su jefe en aquella época, Raymond Cleere, había contactado con el FBI proporcionándoles información falsa sobre este hombre. Ganó todos los juicios y fue indemnizado con bastante dinero (aunque las cuantías exactas no han trascendido). Además, en julio de 1997, Janet Reno, la fiscal general de Estados Unidos, le pidió disculpas públicamente y lamentó que se hubiese producido la dañina filtración a los medios.

Imaginen cómo debieron afectar estas infundadas acusaciones a un señor como Jewell, un tipo serio, servicial, tímido, sin demasiados amigos y entregado a su trabajo como guarda de seguridad. Anteriormente, tras dejar los estudios, que nunca le fueron del todo bien, había sido mecánico y carcelero en la comisaría del condado de Habersham, Georgia, a principios de los noventa, antes de ascender a alguacil poco tiempo después. Finalmente, en 1995 comenzó a trabajar como guarda en el campus universitario Piedmont College, trabajo que dejó en mayo de 1996 para irse a vivir con su madre a Atlanta y comenzar a trabajar para la organización de las Olimpiadas.

Tras aquella terrible experiencia, continuó trabajando como guarda de seguridad en varias ciudades del estado de Georgia. Además, conoció a Dana, una trabajadora social que terminó convirtiéndose en su esposa.  Sin embargo, no mucho tiempo después, el 29 de agosto de 2007, falleció. Tenía tan solo 44 años.

El héroe más grande de los Juegos Olímpicos de 1996 no ganó medallas ni rompió ningún récord.

Publicado el domingo 15-12-2019 en La Voz de Almería

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