Homo insolitus 61: El ¿verdadero? padre del cine

Siempre se ha dicho que el cine fue inventado por un par de hermanos franceses que el 28 de diciembre de 1895 proyectaron la que se considera la primera película de la historia, La sortie des ouvriers des usines Lumière à Lyon Monplaisir (Salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon Monplaisir). Ya saben, los hermanos Auguste y Louis Lumière. Esto es cierto en parte. Es verdad que estos hermanos, que patentaron su cinematógrafo el 13 de febrero de aquel mismo año, fueron los primeros en grabar y proyectar en público una cinta. Pero también es cierto que antes que ellos hubo varias personas que plantearon inventos similares. Otro francés, Charles-Emile Reynaud, patentó en 1888 un ingenio llamado praxinoscopio que venía ser una versión primigenia del cinematógrafo, aunque nunca consiguió proyectar imágenes reales, sino animaciones. Tres años después, Thomas Alva Edison, junto a su colaborador William Laurie Dickson, ideó un ingenio capaz de grabar y reproducir imágenes en movimiento, el kinetoscopio, aunque solo podía ser disfrutado de uno en uno. Por eso no se considera cine.

Pero hubo otro francés, todo un Homo insolitus, que, con bastante justicia, puede ser considerado como el padre del cine, aunque siempre con los necesarios matices. Se trata de Louis Aimé Augustin Le Prince, nacido en 1841, cuya historia merece la pena ser reseñada brevemente.

Le Prince conoció en su juventud de Louis Daguerre, el creador del daguerrotipo y uno de los padres de la fotografía. Fue así como nació su amor y su interés por intentar aprehender la realidad y, de hecho, llegó a ganarse la vida como fotógrafo. Hasta que en 1866, John Whitley, un amigo de la universidad (estudió Química), le ofreció un trabajo en un empresa de ingeniería de Leeds, Inglaterra. Le Prince se estableció allí, se casó con Elizabeth Whitley, hermana de su amigo, y unos años después, en 1871, montó junto a ella una escuela de artes en la que se prestaba especial atención a la fotografía. Cuatro años más tarde comenzó a obsesionarse, como tantos otros, por la posibilidad de captar imágenes en movimiento.

No fue fácil. Le llevó más de diez años, pero en 1886 consiguió terminar, mientras vivía en Nueva York por asuntos laborales, su primera cámara, un ingenio dotado con 16 objetivos que resultó ser un fracaso. No cesó en su empeñó, y dos años más tarde, patentó una segunda cámara, dotada ya con un solo objetivo. Y en esta ocasión sí que triunfó. El 14 de octubre de 1888 grabó en Leeds lo que se conoce como Roundhay Garden Scene (La escena del Jardín Roundhay), una toma de solo dos segundos, la primera de las cuatro tomas que se conservan de las rodadas por Le Prince (Accordion Player, Man Walking Around the Corner y Traffic Crossing Leeds Bridge, todas de dos segundos)

Lo había conseguido, pero aún era necesario perfeccionar tanto el método de rodaje como la proyección. Pero, siendo estrictos, había grabado en una película fotográfica imágenes en movimiento.

En 1890 decidió cruzar de nuevo el charco y presentar su invento en Nueva York, donde residía su mujer —un año antes habían obtenido la doble nacionalidad—. Pero antes de marchar fue a reunirse con su hermano en Dijon, Francia. Y es en este preciso momento donde comienza el misterio. Tres días después, tras visitar a su hermano, el 16 de septiembre de 1890, tomó el tren de regreso a París, pero nunca llegó a su destino. Nadie le vio bajarse. No se encontró su equipaje. Se había esfumado.

Tanto la policía francesa como la británica se lanzaron en su búsqueda, pero nunca apareció y, lo que es más inquietante, no se encontró ninguna pista. Pronto, como es normal, surgieron las especulaciones. Su familia estaba convencida de que alguien había acabado con él para arrebatarle su invento, pero otros pensaban que había desaparecido por voluntad propia o que había huido junto a un amante varón para ocultar su homosexualidad.

Nunca se supo. La policía le dio por muerto siete años después, en 1897. Un año más tarde, uno de sus hijos, Adolphe, testificó contra Edison argumentando que le había robado el invento a su padre. La sentencia tuvo una importancia tremenda ya que, aunque Edison fue absuelto, se le prohibió el monopolio de sus kinestocopios, lo que abrió la puerta a la llegada del cinematógrafo de los Lumière a América. Lo raro es que poco tiempo después Adolphe fue asesinado de un disparo y nunca se supo ni el motivo ni se descubrió al culpable.

La cuestión quedó en el olvido hasta hace unos años… Por un lado, en 2003, se encontró una fotografía en los archivos de la policía parisina de un hombre ahogado, en 1890, que se parecía mucho a Le Prince. Por si fuera poco, en 2008, algunos medios (como la revista Materials Today) se hicieron eco de una anotación en el cuaderno personal de Edison que decía lo siguiente: “Eric me ha llamado hoy desde Dijon. Está hecho. Prince ya no existe”… Aunque no está claro que se trate de un cuaderno auténtico del controvertido inventor y empresario estadounidense.

El misterio continúa. Pero lo que si debemos tener claro es que en 1888 Le Prince fue el primero en grabar imágenes en movimiento. Sí, no es cine propiamente dicho porque nunca se proyectaron sus breves tomas, pero nadie duda de que, si no hubiese desaparecido, con total seguridad lo habría conseguido antes que los Lumière.

Publicado el domingo 02-12-2018 en La Voz de Almería

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