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Homo insolitus 18: Los amantes de Vendôme

El 8 de noviembre de 1954, una joven francesa llamada Denise Labbé ahogó a su hija de dos años en un barreño de agua con lejía. El crimen, como es lógico, conmovió a Francia, especialmente cuando se supo que la homicida había actuado inducida por su amante. Se trató de una perturbadora y siniestra prueba de amor…

Denise nació el 17 de marzo de 1926 en la pequeña aldea de Melesse, cerca de Rennes, en la Bretaña francesa. En 1940, cuando solo tenía catorce años, su padre, el cartero del pueblo, se suicidó lanzándose a un canal, preocupado, al parecer, por la invasión alemana. La joven Denise tuvo que dejar sus estudios y ponerse a trabajar como empleada de hogar o costurera, aunque, cuando pudo, asistió a clases nocturnas en la Universidad de Rennes para intentar labrarse un futuro mejor.

No le faltaron amoríos en aquella ciudad universitaria, aunque el más importante fue un médico con el que llevó a convivir durante un tiempo, hasta que el tipo decidió marcharse voluntariamente a la guerra de Indochina, conflicto que duraría cerca de una década y que terminó con la perdida de la joya de la corona colonial francesa (en 1954). Lo que no sabía Denise es que estaba embarazada de una niña que nacería en ausencia de su padre.

Poco antes, la ambiciosa joven había conseguido un puesto como secretaria en el Instituto Nacional de Estadística de París. Iba poco a poco prosperando, por eso, cuando regresó su amante de la guerra, un par de años después, alcoholizado y deprimido, no dudó en abandonarle a su suerte y criar sola a su hija, la pequeña Catherine. Todo iba a las mil maravillas hasta que conoció a un joven estudiante de filosofía, tres años más joven que ella, llamado Jacques Algarron, del que se enamoró perdidamente.

Algarron, nacido en París el 26 de enero de 1930, era el hijo bastardo de un anciano comandante de infantería de setenta años y de su amante de treinta. En 1952, tras una adolescencia algo disoluta, decidió ingresar en la Academia Militar de Saint-Cyr, en la Bretaña francesa, para hacer carrera. Era un joven inteligente y culto, y un apasionado de la filosofía que admiraba casi con devoción la obra de Friedrich Nietzsche y su teoría del superhombre. De hecho, estaba convencido de que era uno de aquellos hombres del mañana que había anunciado el filósofo alemán.

Se conocieron en una sala de fiestas durante la celebración del 1 de mayo de 1954. Denise tenía veintiocho años y una niña de dos; Algarrón, veinticinco y dos hijos no reconocidos―de casta le viene al galgo―. Solos dos bailes sirvieron para que prendiera la llama. Fue el comienzo de una tórrida y explosiva relación en la que rápidamente asumieron papeles distintos. Ella, una enamorada sumisa; él, un violento y manipulador amante. Además, llevaron sus encuentros sexuales al límite, jugando con otras parejas, realizando orgías o practicando el sadomasoquismo, en parte por el profundo afecto que Algarron sentía por la obra del Marqués de Sade.

Había mucho de enfermizo en aquello. En alguna ocasión, Denise llegó a escribirle a su amante: «Los arañazos de mi espalda están empezando a sanar, como desesperadamente tuve la ocasión de comprobar esta mañana». Habían creado una extraña y desigual relación basada en el dominio. Tanto es así que solo un par de meses después, el 7 de agosto de 1954, Alcarron le comentó a Denise que el verdadero amor había que demostrarlo mediante la entrega absoluta, incluso si se tenía que llegar al extremo de tener que matar a alguien para demostrarlo, una perversa manera de ver las relaciones amorosas que recordaba a la filosofía de Nietzsche, aunque tremendamente malinterpretada por Alcarron, que de alguna manera andaba buscando una especie de superpareja. «Que el hombre tema a la mujer cuando ama. Entonces ella es capaz de realizar cualquier sacrificio, y todo lo demás resulta sin valor», había dicho alguna vez el sabio alemán.

La primera orden cruel que aceptó Denise fue la de abortar, nada más comunicarle a su amante que estaba embarazada. Pero no era bastante. El 29 de agosto le preguntó, durante una cena en un restaurante parisino, si estaría dispuesta a matar a su hija Cathy como muestra de amor supremo. Denise aceptó, aunque con ciertas reservas.

El 22 de septiembre intentó arrojar a su hija desde la ventana del piso de su madre, pero le fallaron las fuerzas. Una semana después, la tiró a un canal, pero se arrepintió y pidió ayuda para rescatarla. El 16 de octubre lo volvió a intentar por tercera vez, tirándola a un río, pero de nuevo consiguieron salvar a la niña. «Mi madre siempre está con Catherine. Te puedo asegurar que no va a ser fácil», le escribió a su amante…

Finalmente, el 8 de noviembre, mientras pasaba unos días con su madre y su hermana en Vendôme, lo consiguió: introdujo a la niña en un profundo barreño de metal, lleno de lejía, y la mató.

Una vez completado el crimen mandó una postal a su amante con este escueto mensaje: «Catherine ha muerto. Espero verte pronto». Cuando Algarron recibió la noticia (según testimonio de Denise) exclamó: «Estoy desilusionado; ahora me doy cuenta de que aquello no significaba nada para mí». Claro, a él lo que le importaba era el poder. Todo aquello sobre el sacrificio de los amantes era pura palabrería.

Recuerden, solo llevaban juntos desde el mes de mayo.

Denise, siguiendo consejos de su abogado, dijo que había sido un accidente, que el bebé se había caído en el barreño. Pero no la creyeron y fue arrestada. Le acusaron de asesinato y por los tres intentos anteriores. Como es normal, se defendió culpando a su amante. «Soy la amante de Jacques Algarron, teniente de la Academia de Artillería de Chalons-sur-Marne. Él fue quien me obligó a matar a mi hija para probarle que le amaba», reconoció.

A finales de mayo de 1956 se celebró el juicio. Denise fue condenada, aunque con atenuantes, a cadena perpetua, esquivando la pena de muerte. Algarron fue condenado, como responsable de haber provocado el crimen, a veinte años de trabajos forzados. Durante el juicio se descubrió, gracias a una de las testigos, una antigua amante del criminal, que llevaba tiempo buscando a una mujer influenciable y sumisa para poder moldearla y manipularla a su antojo. La encontró en Denise. Desafortunadamente.

Publicado el domingo 17-09-2017 en La Voz de Almería

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Homo insolitus 17: De ídolo del ajedrez a vagabundo

Bobby Fischer ganó en 1972 el campeonato del mundo de ajedrez, tras una heroica y simbólica lucha contra el ruso Boris Spassky, convirtiéndose en toda una estrella mediática. Pero lo que le convirtió en todo un Homo insolitus es lo que pasó después…

Fischer nació el 9 de marzo de 1943 en Chicago. Sus padres, Hans-Gerhardt Fischer, físico alemán, y Regina Wender, una enfermera suiza descendiente de judíos polacos, se conocieron en Moscú, donde Regina estaba estudiando medicina. Con el auge del antisemitismo en la URSS emigraron a París y, poco después, en 1939, su madre huyó rumbo a Estados Unidos junto a su hija recién nacida, Joan, pero su marido, al ser ciudadano alemán, no pudo acompañarles. Regina siempre argumentó que Bobby fue engendrado durante un viaje que su padre hizo a México en 1942, pero no parece cierto. El FBI, en los años cincuenta, estuvo investigándola por su relación con círculos comunistas, elaborando un exhaustivo dossier sobre su vida en el que se aseguraba que el padre real era el conocido matemático húngaro de origen judío Paul Nemenyi (1885-1952), que emigró a EEUU en 1941.

Sea como fuere, después de vivir un tiempo en Chicago y en Rhode Island, se mudaron a Brooklyn en 1949, cuando Bobby tenía ya seis años. Por esa misma época, comenzó a jugar al ajedrez junto a su hermano Joan, usando las instrucciones que acompañaban a un tablero que le había comprado su madre en una tienda de chucherías. Desde entonces, nunca dejó de jugar, casi siempre contra sí mismo, estudiando intensivamente viejos libros de ajedrez.

Poco después, el 17 de enero de 1951, con tan solo ocho años, Bobby se apuntó a una partida multitudinaria en Brooklyn. Perdió, pero consiguió llamar la atención de Carmine Nigro, el presidente del club de ajedrez de Brooklyn, que se quedó maravillado con las habilidades de Fischer. Desde entonces su carrera comenzó a crecer de forma exponencial: en julio de 1956, con trece años, ganó el campeonato junior de los EEUU, convirtiéndose en el más joven en hacerlo. Ese mismo año participó en otra campeonato celebrado en Nueva York en el que se enfrentó contra los doce mejores jugadores de la ciudad. No ganó, pero se llevó un premio al mejor jugador por una partida memorable, conocida como «la partida del siglo», que protagonizó contra el maestro internacional Donald Byrne, al que derrotó de una forma magistral.

Su carrera iba lanzada. Más aún cuando en 1958 ganó por primera vez el campeonato estadounidense de adultos, convirtiéndose en el más joven en lograrlo. Repitió siete veces, la última a los 23 años.

En 1959, después de que su madre se mudase de apartamento para proseguir con sus estudios médicos, dejando solo a Fischer, decidió dejar sus estudios, pese a su altísimo coeficiente intelectual (180), y centrarse en el ajedrez.

Participó en cuatro Olimpiadas de Ajedrez con el equipo estadounidense (1960, 1962, 1966, 1970), enfrentándose una y otra vez con los que serían sus grandes rivales, los jugadores de la Unión Soviética, sempiternos campeones en todos los grandes torneos internacionales. Los americanos nunca consiguieron llevarse el oro, pero Fischer quedó segundo en dos ocasiones (1966 y 1970), perdiendo ambas contra el ruso Boris Spassky, que se había convertido en campeón del mundo en 1969. Juntos protagonizaron, en julio de 1972, el «match del siglo».

Fischer, tras clasificarse para la final del Campeonato del Mundo, que desde 1948 estaba en poder de los soviéticos, tuvo una oportunidad de oro para vencer al ruso, al que no había conseguido batir. El encuentro se produjo en Reyjavik entre el 11 de julio y el 31 de agosto, con una expectación inusual, ya que estábamos en los momentos álgidos de la Guerra Fría. Fueron 21 partidas. Spassky ganó en tres ocasiones e hizo tablas en otras once. Fischer ganó siete, convirtiéndose en campeón del mundo, el primer y único estadounidense que ha conseguido esta proeza. Consiguió frenar a la Unión Soviética, aunque los siguientes cincuenta años vieron exclusivamente a campeones formados en dicha escuela.

Y justo tras alcanzar la gloria, abandonó, dejando completamente desconcertados a todo el mundo. Tenía solo 29 años.

Muchos pensaron que se trataba de miedo a ser derrotado. Pero un tiempo después, en 1975, estuvo a punto de aceptar el reto que le lanzó un joven Anatoly Karpov, que con tan solo 24 años había derrotado a Spassky. Pero las condiciones que puso Fischer no fueron aceptadas por la Federación Internacional, así que decidió no participar. Karpov fue proclamado campeón del mundo sin jugar. Fischer nunca reconoció los campeonatos del mundo de Karpov, ni los de su relevo, Kasparov, argumentando que el título le pertenecía a él y que nadie se lo había arrebatado. Llegó, incluso, a afirmar que sus partidas estaban amañadas.

Desde entonces su vida se volvió de lo más misteriosa y errática. Siempre había sido un tipo peculiar y polémico. Pero pronto comenzó a dar la nota escandalosamente. En 1981, por ejemplo, fue detenido por la policía de Pasadena debido a que le confundieron con el atracador de un banco. Parecía un vagabundo con un trasnochado aspecto hippie.

Desde los años sesenta se había mostrado especialmente iracundo contra los judíos, llegando incluso a negar el holocausto, pero en 1984 creó cierta polémica cuando apareció su nombre en la Enciclopedia Judaica y pidió públicamente que lo borrasen, ya que afirmaba, falsamente, que su madre no había sido judía. Además, reconocía ante los medios ser anticomunista, machista y racista, y renegaba por completo de su país. En alguna ocasión dijo que deseaba que un golpe militar derechista se produjese en su país y que ere necesario el arresto y la detención de todos los judíos norteamericanos. Años después, tras las atentados del 11 de septiembre, declaró que aquello era un castigo merecido por el apoyo de su país a Israel. La Federación de Ajedrez de Estados Unidos no lo vio así y le expulsó, aunque en 2007 fue reestablecido.

Mucho se había hablado de alguna posible enfermedad mental. Incluso se llegó a decir que era esquizofrénico o autista. Nunca se supo, pero parece probable que sufriese un desorden paranoico de la personalidad.

Sea como fuere, en 1992, tras veinte años retirado, decidió volver para echar un último match contra Spasski. Pero no encontraron mejor lugar que la antigua Yugoslavia. Fischer venció, y se llevó los 3,65 millones de dólares del ganador (Spasski se fue llevó un millón y medio por perder), pero este fue el comienzo de un problemón que marcó el resto de su vida. El Departamento del Tesoro le había advertido de que estaba prohibido realizar ninguna actividad económica en Yugoslavia, por su intervención en la reciente guerra de Bosnia. Fischer, en su primera conferencia de prensa durante el evento, escupió sobre la orden del gobierno. Esto llevó a que las autoridades estadounidenses, nada más finalizar el combate, ordenasen su detención.

Pero huyó a tiempo y desde entonces se convirtió en un fugitivo.

Doce años después, el 13 de julio de 2004, fue detenido en el aeropuerto de Narita, cerca de Tokio, donde llevaba un tiempo viviendo. Estuvo nueve meses en una prisión japonesa para emigrantes. Muchas voces se levantaron para pedir su liberación, incluido Boris Spassky, que escribió una carta a George H. W. Bush pidiéndole que le pusiesen en la misma celda con un ajedrez… Ni caso. Finalmente, fue liberado en marzo de 2005, aunque el gobierno japonés ordenó su deportación. Estados Unidos intentó extraditarlo, pero Fischer había solicitado asilo en Islandia a principios de aquel año. Así pues, para sorpresa de todos, fue declarado ciudadano islandés. No en vano, su épico encuentro de 1972 contra Spasski se celebró en la capital islandesa. Y allí que se fue junto a su pareja, Miyoko Watai, presidenta de la Asociación Japonesa de Ajedrez, con la que mantenía una relación desde el año 2000.

El 17 de enero de 2008 Fischer falleció víctima de una insuficiencia renal. Había ingresado con un bloqueo urinario, pero se negó a ningún tipo de cirugía o a cualquier tratamiento con medicamentos. Genio y figura hasta la sepultura.

Publicado el domingo 10-09-2017 en La Voz de Almería

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Homo insolitus 16: Sexy Sadie

El 16 de febrero de 1968, John Lennon, George Harrison, Paul McCartney y Ringo Starr, junto a sus respectivas parejas y varios amigos más (entre los que estaba el cantautor escocés Donovan), se fueron a Rishikesh, una ciudad del norte de la India, en las estribaciones del Himalaya, conocida como la capital mundial del yoga. El objetivo era realizar un cursillo con un famoso gurú hindú llamado Maharishi Mahesh Yogi (1917-2008), cuyo nombre real era Mahesh Prasad Varma, un señor que desde mediados de los sesenta, en plena era de Acuario, alcanzó la fama gracias a la Meditación Trascendental, una técnica de cosecha propia mediante la que se podía llegar, supuestamente, a un estado elevado de consciencia. Maharishi, como tantos otros santones orientales, triunfó en aquellos años convulsos de hippies, drogas y rock and roll, difundiendo sus doctrinas con enorme éxito por numerosos países de América, Europa y Asia.

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Claro, aquello se acabó convirtiendo en un negocio valorado en cientos de millones de dólares, en parte debido a la publicidad que le dieron los propios Beatles, que conocieron a Maharishi gracias a George Harrison, el primero en oír hablar de él, en pleno boom de la moda por todo lo relacionado con la India y sus ancestrales prácticas religiosas. Aquellos jóvenes, ya no tan jóvenes, como bien sabrán, habían evolucionado desde sus primeros y modositos años, dejando crecer su pelo y sus barbas y vistiendo con ropas hindúes. Y abrazaron encantados las propuestas del gurú.

Así, tras un primer contacto en agosto de 1967, en un hotel de Londres, decidieron viajar al año siguiente a su centro espiritual en la India. Iban buscando algo que no todos encontraron. Diez días duraron Ringo y Maureen Starkey, su esposa, parece ser que por determinados problemas estomacales del batería de los Beatles, que, como bien sabrán, era vegetariano estricto. Paul y Jane aguantaron un poco más, seis semanas. Por nostalgia, dijeron.

En cambio, John y George sí estaban fascinados con todo aquello. Hasta que se dieron cuenta. Maharishi, que tonto no era, estaba intentando que el grupo le cediera un porcentaje de sus ganancias (entre el 10 y el 25 por ciento) y se las transfiriesen a una cuenta en un banco suizo, en teoría, para subvencionar su obra. Pero, además, el tipo prohibía ingerir alcohol a los hombres, aunque suministraba vino a algunas mujeres y les dejaba comer pollo en secreto, algo prohibido para el resto de miembros de la secta.

La gota que colmó el vaso fue el rumor de que Maharishi había intentado seducir a alguna de las chicas que estaban en el curso, contradiciendo sus propias reglas de abstinencia. Las malas lenguas aseguraban que se trataba de Mia Farrow o de su hermana, aunque este extremo no está confirmado ―la propia actriz lo ha insinuado en alguna ocasión―. Sea como fuere, John se indignó y se piró con Cynthia. Y Harrison, con todo el dolor de su alma, también tuvo que irse.

Posteriormente, Lennon negó esta versión de la historia y afirmó que se trataba de una invención de Alexis “Magic” Mardas, un ingeniero de estudio de la banda que se había convertido en uno de los grandes amigos de Lennon. Pero no parece del todo mentira.

Lo cierto es que durante el par de meses que estuvieron en Rishikesh, entre marzo y abril de 1968, el grupo compuso cerca de cuarenta canciones, algunas de las cuales fueron publicadas en el décimo disco de la banda, The White Album, lanzado el 22 de noviembre de 1968. En aquel LP se incluyeron otras canciones, grabadas en los EMI Studios de Londres, entre las que estaba una titulada Sexy Sadie, que parece tener relación directa con esta aventura en la India. El tema se titulaba originalmente Maharishi Mahesh Yogi y se sabe que Lennon, nada más regresar a Inglaterra, grabó la letra en un pedazo de madera con el título original. Pero después decidió cambiárselo por Sexy Sadie aconsejado por George Harrison, posiblemente para evitar tener problemas legales―hay quien dice que fue por indicaciones de sus abogados.

¿Sexy Sadie? Parece una clara referencia a Maharishi y a su conducta lasciva. De hecho, Lennon contó en alguna ocasión lo siguiente: “Fue inspirada por el Maharishi. La escribí después de que guardásemos nuestras bolsas de dormir, justo antes de irnos. Esa fue la última canción que escribí antes de abandonar India. Solo la llamé Sexy Sadie, con la línea: Maharishi what have you done, you made a fool («Maharishi lo que has hecho te ha hecho un tonto»). Solo usé la situación para escribir una canción, calculadamente, pero también expresando lo que sentía. Me despedí del Maharishi con un mal sabor de boca. Ya sabes, parece que mis partidas no son siempre tan agradables como quisiera que fueran”.

La alusión a Maharishi no aparece en la versión definitiva del tema, aunque, visto desde esta perspectiva, sí que se entrevé una intención velada. O no. Juzguen ustedes.

Sexy sadie, lo que hiciste; engañaste a todos, engañaste a todos; sexy Sadie, lo que hiciste.

Sexy sadie, rompiste las reglas; te agachaste para que todos te vean, te agachaste para que todos de vean; sexy sadie, ohhh, rompiste las reglas.

El gurú de los Beatles, como le gustaba ser llamado, continuó teniendo gran éxito y aumentando su número de seguidores y sus cuentas bancarias. A ello ayudaron otras celebridades que se unieron a la Meditación Trascendental, como John Desmore y Ray Manzarek, batería y tecladista de The Doors, los Beach Boys o el citado Donovan.

Maharishi, por otro lado, se dedicó, aparte de a ganar dinero a espuertas, a dar cursos de levitación en los Estados Unidos, país en el que instaló a finales de los sesenta y donde vivió el resto de sus días, hasta su muerte en febrero de 2008.

Por cierto, durante la grabación del Disco Blanco surgieron serias desavenencias entre los miembros de los Beatles, provocadas en gran medida por la presencia de Yoko Ono en las sesiones de grabación. Un año y pico después, en abril de 1970, se produjo la ruptura definitiva.

La culpa de todo la tuvo…

Publicado el domingo 03-09-2017 en La Voz de Almería

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Homo insolitus 15: Monesvol

A comienzos del año 2005 comenzó a circular una carta, dirigida a la Kansas State Board of Education («Junta de Educación del Estado de Kansas»), en la que se decía, entre otras cosas, lo siguiente:

«Les escribo para mostrarles mi preocupación después de haber leído que están considerando si la teoría alternativa del Diseño Inteligente se debería estudiar a la vez que la teoría de la Evolución… Déjenme recordarles que hay varias teorías sobre el Diseño Inteligente. Yo, y muchos otros a lo largo del mundo, somos de la firme convicción de que el universo lo creó un Monstruo de Espagueti Volador. Fue Él quien creó todo lo que vemos y percibimos. Yo y, como yo, otra mucha gente en todo el mundo, somos de la firme creencia de que las abrumadoras pruebas científicas que apoyan las teorías evolutivas no son sino coincidencias orquestadas por Él».

Sorprendente, ¿no? Quizás no lo es tanto cuando se entiende el origen de esta historia. El protagonista, y el autor de esta misiva, se llama Bobby Henderson, un físico licenciado (aunque nunca ha ejercido), que ofreció una magistral y satírica respuesta a una curiosa situación que estaba sucediendo en algunos estados de Estados Unidos, entre los que se encontraba Kansas, su estado.

Resulta en las escuelas públicas estadounidenses ni está permitido hacer proselitismo de una religión en concreto, ni existen asignaturas dedicadas a ello; además, como es lógico, a la hora de explicar cómo se ha desarrollado la vida en este nuestro planeta, se enseña la Teoría de la Evolución, formulada por el bueno de Darwin, demostrada con enorme evidencia por sus seguidores, y aceptada mayoritariamente por los científicos de todo el mundo.

Pues bien, en los años noventa, una serie de científicos de ideología conservadora y liberal ―liberal a la americana, ya saben―, relacionados en su mayoría con el Discovery Institute, un think tank derechista que lucha contra la deriva materialista que asola el mundo, comenzaron a propagar lo que se conoce como Teoría del Diseño Inteligente ―bonito eufemismo―, según la cual tanto el Cosmos como los seres vivos solo pueden explicarse mediante la acción de una agente inteligente, no por el caos, el azar y la selección natural de la que hablan los descreídos.

Lo que viene siendo un lavado de cara del creacionismo de toda la vida de Dios.

Pero mucho más peligroso, ya que viene camuflado de ciencia. ¿El argumento? Tan sencillo como falaz: la evidencia, supuesta, contra la evolución, supone una prueba de la existencia de un diseñador inteligente. Es decir, lo que la evolución, Darwin y todas estas gentes de mal vivir no pueden explicar por ahora, lo explican ellos, aunque sin atreverse a pronunciar el nombre de Dios. Rellenan huecos. El Dios de los huecos.

A nosotros, los europeos, herederos desagradecidos de la Ilustración, nos puede parecer chocante, pero, estos defensores del diseño inteligente se empeñaron en promover su no-teoría en las escuelas estadounidenses, consiguiéndolo, de manera efímera, en algunos centros de enseñanza.

Y es aquí donde entra nuestro Homo insolitus de esta semana, Bobby Henderson, el autor de la carta de las que les hablaba hace un momento, un ateo convencido que no daba crédito a un debate que se había generado en su estado, Kansas, sobre si se debía dar el mismo número de horas lectivas a la Evolución que al Diseño Inteligente. Ante esto, Henderson, ideó una alocada broma satírica que terminó convirtiéndose en un movimiento global: la religión del Monstruo de Espagueti Volador, Monesvol para los amigos.

Henderson defendía, con la misma falacia que los creacionistas defienden lo que defienden, que su religión, al estar basada en la ciencia, también debería enseñarse en las escuelas. Es más, al contrario de los defensores del D.I., su propuesta sí se mojaba y proponía toda una cosmogonía: somos, nosotros y el cosmos, una creación de un monstruo de espagueti  con albóndigas que flota en el espacio interespacial, una cachonda divinidad que controla el devenir de su obra con sus larguísimos, invisibles y omnipresentes apéndices tallarinescos.

«Quedo esperando su respuesta con gran interés, y deseo sinceramente no tener que llegar a tomar acciones legales. Pienso que todos podemos vislumbrar el momento en el que a las tres teorías sobre la creación se les conceda el mismo tiempo en nuestras asignaturas de ciencias en todo el país, y posteriormente en el mundo: un tercio para el Diseño Inteligente, un tercio para el Monstruo de Espagueti Volador y un tercio para la conjetura lógica basada en las abrumadoras pruebas observables».

Sobra decir que no le hicieron ni caso, aunque, finalmente, no se aprobó la enseñanza del D.I. en Kansas ―no crean, lo siguen intentando en este y en otros cuantos estados, pese a diversas sentencias judiciales que han puesto a freno a sus aspiraciones―. Pero lo que comenzó siendo una broma local terminó haciéndose viral, como dicen los millenials, gracias a Internet. Había nacido el pastafarismo, una maravillosa propuesta religiosa que promete un cielo lleno de volcanes de cerveza ―también hay en el infierno, pero está rancia― y strippers, masculinos y femeninos, para el gozo de los fieles de Monesvol. ¿Sus símbolos? Los pueden imaginar: un tenedor, que representa su autosacrificio redentor, y un colador.

Por desgracia, y pese al ímpetu con el que lo han intentado los rastafaris estadounidenses, aún no ha conseguido ser reconocidos en ningún estado como religión, por lo que no pueden beneficiarse de las subvenciones ni de los incentivos fiscales de estas asociaciones. Unos tanto y otros tan poco.

En otros países han tenido una suerte similar, aunque en Nueva Zelanda, en abril de 2016, se celebró la primera boda pastafari legalmente reconocida, y unos años antes, en 2011, el austriaco Niño Alm consiguió que se le permitiese salir en su foto del DNI con un colador en la cabeza. Aunque también es cierto que en Rusia sus actividades han sido perseguidas, incluso de forma violenta, por lo ortodoxos cristianos, que no están para tonterías.

«Con millones, si no miles de fieles devotos, la Iglesia del MEV es ampliamente considerada una religión legítima incluso por sus opositores, principalmente fundamentalistas cristianos, quienes han aceptado que nuestro dios tiene las bolas más grandes que el suyo»; dijo en alguna ocasión Henderson. Eso sí, y ya para acabar, consiguió trincar 80.000 dólares, a finales de 2005, como adelanto para el que sería su primer libro, El Evangelio de Monstruo de Espagueti Volador, publicado en marzo de 2006, todo un exitazo que a día de hoy le sigue proporcionando numerosos dividendos. La obra lo merece y además, como dijo Jesús, no solo de Dios vive el hombre. ¿O era de pan?

Ramén.

Publicado el domingo 30-07-2017 en La Voz de Almería

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Homo insolitus 14: Contactado y Terrorista

El protagonista de hoy es un señor llamado Aladino Félix, un brasileño nacido en 1920 en Lorena (un municipio de la provincia brasileña de São Paulo), en el seno de una humilde familia rural que descendía por vía paterna de emigrantes judíos. Siendo un adolescente emigró para buscarse la vida y, por distintos avatares del destino, terminó combatiendo en la Segunda Guerra Mundial dentro de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos. Posteriormente, tras vivir durante un tiempo en Chicago, donde recibió cierta formación universitaria, regresó a su país, se casó, ejerció como «negro» para varias editoriales, comenzó a escribir… y a contactar con extraterrestres.

A lo largo de su vida utilizó diferentes seudónimos, como A. L. Pitigliani o Dino Kraspedon, con el que escribió todo un clásico de la literatura sobre el fenómeno ovni, Contatos com os Discos Voadores (1959). En esta obra explicó su primer contacto con los alienígenas, en noviembre de 1952, cuando visualizó cinco platillos volantes cerca de las montañas de Paraná. Poco después, aseguraba, unos humanoides le invitaron a subir a su aeronave, donde mantuvo una agradable conversación con el capitán extraterrestre, procedente, según le explicó, de una civilización que vivía en dos de los satélites de Júpiter, Io y Ganímedes. Lo curioso es que, en marzo de 1953, este ser se presentó en la puerta de su casa vestido como un sacerdote evangélico. Desde entonces se encontraron en infinidad de ocasiones. Gracias a ellos, Aladino/Kraspedon tuvo acceso a información alienígena inédita sobre el universo, la física y sus cacharros voladores, además de algunas profecías.

Por si fuera poco, su nuevo amigo le informó de la verdadera historia de la humanidad y le explicó que los dioses eran en realidad extraterrestres que, en un pasado remoto, estuvieron en nuestro planeta. Estas atrevidas propuestas las desarrolló en obras como Antigüidade dos Discos Voadores (1967), su libro cumbre, adelantándose en varios años a las propuestas de Charroux, Daniken y J. J. Benítez ―aunque en 1959 ya había introducido algunas ideas en O hebreu: libertador de Israel, asegurando que Yahvé y los ángeles de la Biblia eran extraterrestres.

Por supuesto, Jesús también lo era, ya que su madre había sido inseminada artificialmente por aquellos seres. Ni Espíritu Santo ni nada.

En definitiva, Aladino Félix aseguró durante años que estaba en contacto permanente con diversas poblaciones extraterrestres, a lo Adamsky, convirtiéndose en una celebridad en su país. Y no solo eso: afirmaba ser el mesías esperado por los judíos, la llave de una nueva era que se iniciaría con la inminente llegada de Yahvé.

Lo curioso es que, a finales de los años sesenta, terminó siendo detenido por liderar un grupo terrorista de extrema derecha que había perpetrado varios atentados en São Paulo. Sí.

Brasil, entre 1964 y 1985, padeció la represión y la censura de un régimen militar dictatorial camuflado ―a lo Maduro― que tuvo hasta cinco presidentes. El movimiento que lideró Aladino Félix tenía la clara intención de revertir la situación y tomar el poder, y así, en 1968, cometieron una serie de atentados terroristas, colocando varias bombas en diversos edificios oficiales, como la sede del Departamento de Orden Político y Social (DOPS), órgano clave de la represión del régimen, varias comisarías, el consulado americano o el edificio de la Bolsa de São Paulo.

No se sabe exactamente el alcance de sus atentados, ni si hubo fallecidos, ya que, en aquella misma época, había grupos terroristas de izquierdas que también estaban luchando contra el régimen militar. Es posible que muchas de sus acciones se atribuyesen erróneamente a la izquierda.

Al parecer, Aladino se había obsesionado con las profecías que el bueno de Nostradamus nos legó en sus Centurias. De hecho, llegó a la conclusión de que en aquellos crípticos poemas había una alusión a su persona. Y una buena noche, según explicó, se le apareció alguien que se definió como Jehová de los Ejércitos y le informó de que era su enviado para reunificar al pueblo elegido, Israel, y luchar contras las fuerzas del mal, capitaneadas por la Iglesia Católica y sus ayudantes, ¡los extraterrestres venusinos liderados por Lucifer!

Fue entonces cuando comenzó a usar los seudónimos de Dunatos Menorá y Sábado Dinotos, con el que escribió una misteriosa obra titulada As centúrias de Nostradamus (1965), en la que aseguraba que él era el Gran Monarca del que hablaba el profeta francés, aquel que, restauraría la justicia y la ley de Yahvé y daría el pistoletazo de salida a una nueva humanidad sin naciones y con un solo gobierno, dirigido, como no, por él, en el que solo tendrían cabida los judíos. Además, comenzó a realizar profecías sensacionales. Por ejemplo, en 1967, apareció en la televisión brasileña asegurando que Martin Luther King y Robert Kennedy serían asesinados, como, efectivamente, pasó. Es más, vaticinó que en 1968 se iba a producir una oleada terrorista en Brasil. ¡Vaticinio que se encargó personalmente de cumplir! Aunque no lo hizo solo, sino que consiguió reunir, a lo largo de los años, un grupo de adeptos que se creyeron sus delirantes ideas. Ya antes, en 1967, habían realizado algunos robos y pequeños atentados, pero la espiral de terror comenzó en marzo del año siguiente.

No tardó mucho en ser detenido: en agosto de 1968, le capturaron junto a dieciocho seguidores durante el atraco a un banco. Fue torturado y cantó por peteneras. Aunque consiguió escapar, terminó siendo atrapado de nuevo. Cuando salió de la cárcel en 1972, solo cuatro años después, todos sus seguidores le habían abandonado. El Gran Monarca había fracasado. Además, sus acciones armadas provocaron un aumento brutal de la represión de la dictadura militar.

Falleció en 1985. El mismo año en el que terminó el régimen militar y se inició la transición hacia la democracia. Se había ido todo un Homo insolitus.

Nueve años después, un jeta de noventa años llamado Oswaldo Oliveira Pedrosa, se presentó en varios congresos sobre ovnis afirmando que él era realmente Dino Kraspedon, el contactado. Una farsa clara, ya que existen, y existían, evidencias de que se tratada de Aladino Félix. Pero esta es otra historia.

Publicado el domingo 21-07-2017 en La Voz de Almería

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