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Homo insolitus 31: ¿Jesús?

¿Nació Jesús en Belén de Judea, como dijo el evangelista Mateo, debido a que la familia tenía que registrarse en un censo ordenado por el gobierno romano? ¿O nació en Nazaret, como parece testimoniar el otro evangelista que escribió sobre su nacimiento, Lucas? De ser cierto el episodio de los Reyes Magos, la estrella de Belén y la matanza de los inocentes ordenada por Herodes el Grande, ¿por qué solo lo contó Mateo? ¿Es que Lucas no conocía una historia que, de haber sido cierta, sería conocida por los seguidores de Jesús?

¿Fue virgen la Virgen María? ¿Cómo es posible que solo dos de los cuatro biógrafos canónicos hablasen de esto mientras que los otros dos, Juan y Marcos (el más antiguo de ellos), no dijeron ni una palabra? ¿Acaso no sabían algo tan importante? ¿Qué fue del Padre Putativo, José, del que no se vuelve a hablar nada más en ninguno de los Evangelios? ¿Tuvo Jesús hermanos, pese a la creencia católica de que María fue siempre virgen? ¿Por qué los dos evangelistas de la infancia aportaron genealogías distintas de Jesús?

¿Qué hizo Jesús entre su infancia y el comienzo de sus predicaciones? ¿Cómo explicar que ninguno de los evangelistas se hiciese eco de sus años de Juventud, adolescencia y madurez? ¿Es que no lo sabían? ¿Por qué todos, a excepción de los dos que hablaron brevemente sobre su nacimiento, comienzan sus narraciones con el bautismo de Jesús en el Jordán a manos de Juan el Bautista? Dicho esto, ¿quién fue este señor? ¿Es posible que fuese el maestro de Jesús? De ser así, ¿por qué necesitaba el hijo de Dios un maestro? ¿Por qué aceptó ser bautizado cuando este rito, tal y como dice Marcos, se hacía para redimir los pecados? ¿Tenía el hijo de Dios pecados? ¿Es posible que Jesús, durante un tiempo, fuese el rival de Juan y que montase un culto paralelo al del Bautista? Si el papel de este era anunciar la llegada del que habría de venir, el Mesías, ¿por qué había juanistas incluso después de la muerte de Jesús? ¿Es que no hicieron caso al maestro cuando les anunció quién era realmente el Mesías? ¿O es que nada de esto es así y Juan jamás reconoció a Jesús como el esperado?

¿Cuál fue el mensaje de Jesús? ¿Predicó el fin del mundo y la instauración inminente del Reino de Dios, como parece describirse en los Evangelios, o, en cambio, vino para morir y resucitar, sacrificándose voluntariamente para el perdón de nuestros pecados, como afirmaba Pablo de Tarso? ¿Era realmente el Mesías esperado de los judíos? Si lo era, ¿por qué fracasó? Si no, ¿cuál era su papel? ¿Su mensaje iba dirigido a su pueblo, al pueblo judío, o a toda la humanidad? Si iba dirigido a toda la humanidad, ¿por qué no lo dejaron claro los evangelistas? ¿Acaso su movimiento fue más bien político, como algunos han planteado? ¿Pretendió ser el rey de los judíos o fue solo un reformista crítico con los poderes fácticos de su tierra, aliados de la pagana roma?

¿Por qué le mataron como le mataron? ¿Fueron culpables los judíos de su muerte? En ese caso, ¿es justo que le condenasen por blasfemia, al pretender ser el Hijo de Dios, y por amenazar con destruir el templo de Jerusalén? Dado que no pudieron condenarle a muerte los judíos por temas legales, ¿por qué cambiaron las acusaciones para que los gobernantes romanos de Judea le incriminasen? ¿Es posible que Jesús cometiese sedición, delito penado según el derecho romano con la crucifixión? Solo eso explicaría esa muerte, pero, ¿por qué? ¿Acaso amenazaba a Roma con un movimiento puramente religioso? Aun siendo también político, ¿llegó a suponer una amenaza? ¿Le mataron para evitar algún tipo de insurrección?

¿Por qué huyeron todos los apóstoles tras la detención de Jesús? ¿Cómo es posible que ninguno estuviese presente durante su muerte, a excepción de María Magdalena y el discípulo amado, tradicionalmente identificado con Juan el Evangelista? ¿Quién era el discípulo amado? ¿Quién fue María Magdalena? ¿Cómo podemos explicar que una persona que está presente durante los momentos cumbres de la historia de Jesús sea tan desconocida? ¿Por qué los evangelistas apenas dieron datos sobre ella? ¿Es posible que la omisión se deba a que todo el mundo sabía quién era? ¿Fue prostituta, como durante siglos defendió la Iglesia? ¿Fue la esposa de Jesús, como de un tiempo a esta parte se ha especulado? ¿Tuvieron hijos? De haber sido su esposa, ¿explicaría esto el silencio de los evangelistas sobre su persona? ¿Quisieron ocultar este matrimonio? ¿Por qué?

Natividad (Guido de Siena, hacia 1270)

 

¿Por qué terminaba el Evangelio de Marcos, el más antiguo, como terminaba? ¿Cómo es posible que, si quitamos los últimos doce versículos, añadidos posteriormente, termine este texto con la llegada de María Magdalena y las otras dos mujeres a la tumba vacía? ¿Por qué este evangelista no introdujo ninguna escena de Jesús resucitado? ¿Acaso no conocía ninguna? ¿Por qué Lucas y Mateo, que se limitaron a ampliar y corregir teológicamente el texto de Marcos, introdujeron varias escenas que no parecen casar del todo bien entre sí? ¿De dónde las sacaron? ¿Es que no las conocía Marcos?

¿Resucitó Jesús o, como han planteado algunos descreídos, alguien robó su cuerpo para hacerlo parecer? ¿Es posible, como han propuesto otros, que no muriese realmente en la cruz y que todo fuese un montaje? ¿Alguien consiguió sanarle cuando parecía que había fallecido? ¿Es posible que la resurrección fuese más bien algo espiritual, algo que vivieron intensamente sus convencidos discípulos tras el shock de la cruz?

Y para terminar, ¿cómo es posible que tres siglos después de su muerte la Iglesia católica terminase abrazándose con el Imperio romano, verdugo de Jesús y perseguidor de los cristianos durante todos aquellos años? ¿Cómo es posible que aquel bello mensaje de amar al prójimo como a uno mismo, el mandamiento esencial de Jesús, haya sido totalmente ignorado e incumplido, incluso por los mismos que se encargaban de enseñarlo? ¿Qué pensaría Jesús si regresase y viese en qué se ha convertido su movimiento?

Publicado el domingo 23-12-2017 en La Voz de Almería

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Homo insolitus 30: Me tapas el sol

«Cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro» o «el único medio de conservar el hombre su libertad es estar siempre dispuesto a morir por ella». Alguien capaz de soltar semejantes genialidades se merece un Homo insolitus. Pero el autor de estos dos aforismos hizo algunos méritos más. Se trata, por si no lo habían adivinado, de uno de los filósofos más interesantes de la antigüedad, nada más y nada menos que Diógenes de Sínope, aquel que decidió vivir en un tonel, que se masturbaba en público, comía carne cruda y se pronunciaba a favor del incesto y del canibalismo. Diógenes el Cínico.

Lamentablemente, como el tipo decidió no legar ningún escrito para la posteridad, y como muy pocos hablaron sobre su vida y obra, apenas conocemos nada sobre él. Y lo poco que conocemos se debe al capitulito que su tocayo Diógenes Laercio le dedicó en su Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres y a alguna que otra leyenda no del todo contrastada.

Así, se sabe que nació en Sínope, una colonia griega situada en la orilla sur del Mar Negro, hacia el año 412 a. C. Su padre, un tal Hicesias, fue un falsificador de moneda y contaba con su hijo como cómplice, según el propio Diógenes expresó. No duró mucho su actividad criminal y, tras ser descubiertos, nuestro protagonista se vio obligado a huir de Sínope. «Ellos me condenan a irme y yo les condeno a ellos a quedarse», fue su irónico comentario.

Tras deambular un tiempo por Esparta y Corinto, acompañado de Manes, un esclavo que hacía las labores de criado, puso sus pies en Atenas. Nada más llegar, Manes le abandonó y Diógenes, con su humor característico, afrontó su mala suerte diciendo: «Si Manes puede vivir sin Diógenes, ¿por qué Diógenes no va a poder sin Manes?»

En Atenas encontró un maestro en el filósofo Antístenes (444-365 a. C.), un discípulo y amigo de Sócrates que, tras la muerte de este, fundó una escuela en el santuario y gimnasio de Cinosargo. Del nombre de este lugar, que significaba «perro ágil», surgiría el mote que posteriormente tendría esa escuela y sus seguidores: los cínicos, del griego κυνικος (kynicos, «similar a un perro»). En resumidas cuentas, su doctrina principal era que la felicidad y el bien se conseguían viviendo una vida simple, apegada a la naturaleza y, sobre todo, autónoma. Despreciaban las riquezas y los lujos y se centraban en ver la vida pasar, tranquilamente. El cinismo tuvo bastante presencia en el mundo griego y llegó a ejercer cierta influencia con la llegada del Imperio romano. De hecho, alguno ha llegado a proponer que Jesús de Nazaret era un filósofo cínico, pero esa es otra historia…

Antístenes rechazó en un primer momento a Diógenes e incluso empleó la violencia para apartarle de su lado, pero lo terminó admitiendo en vista de su insistencia. «No hay un bastón lo suficientemente duro para que me aparte de ti, mientras piensa que tengas algo que decir», le dijo.

En poco tiempo Diógenes había superado a su maestro en reputación y austeridad, llevando al extremo el modo de vida anacoreta, el rechazo de todo lo mundano y el desprendimiento absoluto de todo lo innecesario. Además, se mostró abiertamente crítico y militante contra las instituciones, los valores tradicionales y el sistema de clases ateniense. Se consideraba ciudadano del mundo y veía absurdo todo aquello. De hecho, tanto despreciaba lo mundano, que, considerando que los hombres obedecen a sus deseos como los esclavos a sus amos, renunció también al amor y al sexo, aunque consideraba que el coito era una necesidad física.

Así, este «Sócrates delirante», como le llamaba Platón, caminaba descalzo, iba siempre rodeado de perros, se masturbaba en el Ágora―en una ocasión le apercibieron por ello, a lo que respondió sonriente: «¡Ojalá, frotándome el vientre, el hambre se extinguiera de una manera tan dócil!»―, dormía en los pórticos de los templos, envuelto solo en su capa, y vivía en un tonel. Se dice que terminó deshaciéndose de su escudilla cuando vio beber agua a un muchacho con el hueco de sus manos, y que iba con un candil por las calles de Atenas, a plena luz del día, gritando «busco un hombre honesto!».

Diógenes y Alejandro Magno, parodia de Edwin Landseer (1848).

 

Existen un montón de anécdotas sobre su vida y conducta que nos pueden ayudar a entender como pensaba este señor, que, más que hablar filosofía, vivía la filosofía. Por ejemplo, se cuenta que en cierta ocasión, mientras asistía a una lección de un discípulo de Zenón de Elea, un filósofo que negaba el cambio y el movimiento (como su maestro Parménides), se levantó, se puso a caminar y dijo aquello de «el movimiento se demuestra andando». Otro día, un adinerado ateniense le invitó a un banquete en su despampanante mansión, poniéndole como única norma que no escupiera en el suelo para no mancharlo. Diógenes, tras aclararse la garganta con unas efectivas gárgaras, le escupió en toda la cara y le espetó que no había encontrado otro sitio más sucio para hacerlo.

Otra leyenda, narrada por Menipo de Gadara, otro cínico, cuenta que Diógenes, en un viaje a Egina, fue capturado por unos piratas y vendido como esclavo. Cuando fue puesto en venta, le preguntaron qué sabía hacer y respondió «Mandar. Comprueba si alguien quiere comprar un amo». Al parecer fue comprado por un tal Xeniades de Corinto, quien le hizo libre de nuevo y le convirtió en tutor de sus hijos, pasando el resto de su vida en Corinto.

Allí, durante la celebración de los Juegos Ístmicos, se dice que tuvo un encontronazo con el mismísimo Alejandro Magno, que estaba interesado en conocer al filósofo antes de emprender sus aventuras conquistadoras por Asia ―recuerden que había sido educado por Aristóteles―. El joven macedonio se acercó, se le presentó y le preguntó si podía hacer algo por él, a lo que Diógenes respondió «Sí, tan solo que te apartes porque me tapas el sol». Alejandro, maravillado, dijo: «De no ser Alejandro, habría deseado ser Diógenes».

Sobre la muerte de Diógenes circulan muchas versiones. Unos plantean que se murió de una indigestión tras jalarse un pulpo vivo. Otros que por culpa de un bocado de un perro. Y otros, los más imaginativos, plantean que simplemente decidió morir. Y con dejar de respirar la bastó. Incluso se dice que sus últimas palabras fueron: «Cuando me muera echadme a los perros. Ya estoy acostumbrado».

¡Ah1, por cierto, según la leyenda, murió el mismo día que Alejandro, aunque este en Babilonia y el filósofo en Corinto. Lástima que no se sepa seguro qué día murió el famoso conquistador…, aunque sí el año, el 323 a. C.

Publicado el domingo 17-12-2017 en La Voz de Almería

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Homo insolitus 29: El Méliès español

El 17 de octubre de 1871 nació en Teruel Segundo Víctor Aurelio Chomón y Ruiz, un señor que con los años se convertiría en director de cine, fotógrafo, experto en efectos especiales y creador de decorados, todo un pionero en el mundo del séptimo arte que, sin embargo, no es del todo conocido en nuestro país. Si les parece, les voy a contar brevemente quién fue.

Se conoce bastante poco sobre su infancia y adolescencia, aunque sabemos que fue una persona ilustrada, ya que comenzó a hacer la carrera de ingeniero (para lo que tenía que tener el bachiller), aunque no está muy claro si acabó o no la carrera. Hay quien dice que la tuvo que interrumpir para hacer el servicio militar en Cuba, en aquella época un foco de tensión importante por las revueltas independentistas, en las que se vio inmerso nuestro protagonista.

Se sabe también que, nada más regresar de cuba, en 1897, viajó a París, donde descubrió, maravillado, el invento de los Lumière. Nada más ver la primera cinta los famosos hermanos franceses, tomó la decisión de dedicarse plenamente al cine, comenzando en primer lugar por la impresión de títulos en castellano para las películas extranjeras y con el coloreado a mano de las copias de filmes fantásticos. Allí, por cierto, conoció a su esposa, la vedette Julienne Mathieu, que trabajaba coloreando películas para George Méliès.

Segundo de Chomón fue el creador de un género único en el mundo: la  zarzuela cinematográfica, que se inició en los primeros tiempos del cine como sucedáneo teatral y que anticipaba, rudimentariamente, al cine sonoro. Aquel cine parlante fue una tabla de salvación ante la competencia que suponía el teatro y se hacía mediante la sincronización de la imagen cinematográfica y un disco fonográfico. Así, Chomón anticipó a su manera el cine sonoro.

Comenzó a realizar películas de manera compulsiva, tratando temas que iban desde la comedia ingenua a las más fascinantes fantasías. Dos de ellas, Adiós de un artista y Amor gitano le dieron un enorme prestigio. Pero también dedicó su tiempo al cine documental, del que también fue pionero, destacando su Boda de Alfonso XIII, dirigida en 1906, cuando ya trabajaba para la productora francesa Pathé. Pero, aparte de estos filmes de consumo, también se fue desarrollando como cineasta con títulos más arriesgados como  El biombo de Cagliostro, La casa de los duendes, El castillo encantado o Choque de trenes, de 1902, la primera película española donde se utilizaron maquetas.

En 1905 Los guapos del parque  causó verdadera sensación, al igual que su particular versión de Gulliver en el país de los enanos, del mismo año,  un notable ensayo de trucos y fantasías, logrados con la utilización de la doble impresión y que constituye una gran innovación dentro del cine mundial.

Si en algo destacó Segundo de Chomón es por ser un pionero, a la altura de Méliès, si no más, del género de la ciencia ficción, especialmente del tema de los viajes espaciales. No es casual que uno de sus primeros films sea Eclipse de Sol, en el que, por primera vez, se grababa un eclipse con cámaras de cine. Poco después, tras ficharle la Pathé, con la intención de que fuese la competencia de Méliès, rodó joyas como Voyage dans le planète Júpiter (1907), Voyage dans la Lune (1907) o  Mars (1908). Pero abordó otros campos del género fantástico, como la obra de 1905 L´etang enchanté (“El lago encantado”), rodada totalmente en exteriores y en la que aparecen hadas y gnomos; Gulliver en el país de los gigantes, film rodado en España ese mismo año;  o La lègende du fantôme de 1907, rica y sugestiva, con unos decorados fantásticos y complejos, propios de un cine posterior.

Pero su obra maestra, y su film más conocido, fue El hotel eléctrico, rodada en Barcelona en 1905, lo que le convertiría en la primera película de animación de la historia. La cinta proponía un futuro idealizado en el que la tecnología robótica había suprimido el trabajo de los criados. Todo se hacía con rudimentarias computadoras, gracias a la magia de la electricidad. Imaginen, estamos hablando de principios del siglo XX.

El problema es que no está del todo claro que esta cinta sea de 1905, y no es una cuestión baladí, ya que la cinta rivaliza con The Haunted Hotel (El hotel encantado), de un tal Stuart Blackton, de la que siempre se ha dicho que estaba basada en la obra de Chomón, por el honor de ser el primer film de animación. Algunos proponen que fue en realidad Chomón el que plagió esta otra obra…

Por aquella misma época comenzó a abordar labores técnicas para otros directores, destacando especialmente su participación en tres películas del gran Ferdinand Zecca, Excursión a la luna, El pescador de perlas y Vida y pasión de Nuestro Señor Jesucristo. En esta última se utilizó por primera vez, gracias a él, un travelling en interiores (una cámara sobre una plataforma con ruedas).

En 1910 regresó a Barcelona, donde formó sociedad con el empresario de variedades Joan Fuster Garí, rodando la friolera de 37 cintas, pero poco después volvió llegó a un acuerdo con  Pathé para crear una productora en España, la Ibérico, para la que realiza once películas entre agosto de 1910 y marzo de 1912. Sus estructuras narrativas ganan en complejidad haciéndose progresivamente más elaboradas. Poco después ficho para la productora italiana Itala Films de Giovanni Pastrone para trabajar como operador de efectos especiales, colaborando en varios títulos, entre los que cabe destacar su participación en Cabiria, una obra maestra del cine mudo que influiría enormemente en la Intolerancia de D. W. Griffith.

Su trabajo más famoso, junto a Cabiria, fue Napoleón, la megalómana epopeya fílmica dirigida por Abel Gance entre 1925 y 1926, en la que también trabajo como cámara y como experto en trucajes.

No se conoce el título de la última película en la que intervino, pero se sabe que la rodó en 1928, en Marruecos y en color, mediante el procedimiento Keller-Dorien, convirtiéndose otra vez en un pionero. A su regreso contrajo una enfermedad que acabaría con su vida el 2 de mayo de 1929, a los cincuenta y siete años, en París. Fue enterrado en el cementerio Pantin y, al no ser renovado el contrato de cinco años de la sepultura, fue a parar a una fosa común. Un final acorde con lo que había sido su vida y su obra, eclipsada bajo el nombre y prestigio ajenos o hundida a efectos legales en un anonimato del que laboriosa y esforzadamente ha sido, por fin, recuperado de forma definitiva.

Sirva este Homo insolitus de homenaje a este pionero español del séptimo arte.

Publicado el domingo 10-12-2017 en La Voz de Almería

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Homo insolitus 28: “Váyase”

28 de junio de 1914. Gavrilo Princip, un nacionalista serbo-bosnio, asesinó al archiduque Francisco Fernando, heredero del trono del imperio Austrohúngaro, y a su esposa, Sofía Chotek. Austria declaró la guerra a Serbia, a la que apoyaban Rusia, Francia e Inglaterra, que comenzaron a movilizarse contra Austria y contra Alemania. Había estallado la Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra, un conflicto bélico que terminó cuatro años después, el 11 de noviembre de 1918, con la derrota de Alemania y más de quince millones de víctimas, entre militares y civiles. Pero la historia que les quiero contar es otra. Hoy quiero hablarles de Dorothy Lawrence, una joven periodista que tuvo las agallas de hacerse pasar por hombre para colarse en el frente…

No está muy claro cuándo nació, aunque tuvo que ser en la década de 1890, ni dónde, aunque se cree que fue en Hendon, una localidad del Middlesex inglés. Tampoco se sabe quiénes fueron sus padres; solo que fue adoptada cuando era un bebé por un tutor de la Iglesia de Inglaterra y que su madre, una tal Dorothy, tenía solo 13 o 14 años.

Lo cierto es que antes de 1914, cuando estalló la guerra, nuestra joven protagonista había publicado varios artículos para The Times, así que decidió que sería interesante relatar desde la línea del frente cómo se desarrollaba el conflicto. Obviamente, no podía alistarse en el ejército, así que lo intentó con varios periódicos. Todos la rechazaron. «¿Supones que vamos a enviar a una mujer cuando incluso nuestros propios corresponsales de guerra no pueden salir por amor o dinero?», le dijo alguno. Piensen que en aquella época las mujeres periodistas brillaban por su ausencia.

Su segunda opción era el Voluntary Aid Department («Departamento de Ayuda Voluntaria»), una organización que llevó a miles de mujeres a la contienda para atender en labores de retaguardia, pero tampoco lo consiguió. Así que, decidida a adentrarse en zona de guerra y «ver lo que una chica inglesa común, sin credenciales o dinero podía lograr», viajó hasta Francia en el verano de 1915 y consiguió llegar muy cerca de la línea del frente, aunque terminó siendo detenida por la policía francesa en Senlis, a solo tres kilómetros. Le soltaron un rotundo «váyase».

No piensen que cesó en su empeño. Tras dormir en mitad del bosque, se marchó hasta París y comenzó a idear la que sería su última posibilidad: hacerse pasar por varón, disfrazarse de soldado e intentar colarse en el frente. Para ello confeccionó un corsé con rellenos de algodón que permitía disimular sus femeninas curvas, vendó sus pechos, se cortó el cabello y oscureció su piel con cera para para muebles. Además, consiguió un uniforme gracias a un par soldados que conoció en una cafetería de París (sus «cómplices caquis» les llamó), que también le enseñaron a comportarse como un hombre y a disparar un arma. Por último, decidió crearse una nueva identidad, Denis Smith, del primer batallón del Regimiento de Leicestershire, y se marchó para el frente en agosto de 1915. Primero en tren hasta Amiens, y luego, desde allí, hasta Albert, un pueblo conocido como «el frente del frente», muy cerquita del río Somme.

Allí se unió a 179 Tunneling Company, de la 51ª División, perteneciente a los Royal Engineers, comúnmente conocidos como los zapadores, soldados especializados en ingeniería militar que se dedicaban a construir carreteras, puentes, aeródromos y demás tareas de apoyo técnico miliar. Esta compañía, de hecho, trabajaba excavando túneles debajo de la zona de nadie, entre trincheras, para adentrarse en las líneas alemanas y colocar minas. ¿Cómo consiguió colarse entre los zapadores? Gracias a Tommy Dunn, un soldado de esta división que, tras interesarse por su historia, protegió a Dorothy en una cabaña en el bosque, cerca de Senlis, a la que cada día le llevaba algo de comida que recolecta entre sus colegas, hasta que vio el momento oportuno para colarle en el frente.

Durante un par de semanas fue un soldado más, uno de tantos que se jugaba la vida en el frente del río Somme (que un año después acabaría siendo el lugar donde se desarrolló una de las batallas más cruentas y largas de la Gran Guerra). Incluso ayudó a su principal cómplice, Dunn, a cavar algún túnel. Pero no pudo soportar ni el fuego incesante, ni el hambre, ni la fatiga, ni el tremendo frío del norte de Francia, y, tras desmayarse en un par de ocasiones, acabó revelando la verdad a sus superiores por miedo a que sus cómplices pagasen por ayudarle. No les delató, aunque años después explicó que le habían ayudado hasta diez soldados. Nunca sabremos por qué. Quizás querían que el mundo conociese el horror de la guerra.

Las autoridades intentaron silenciarla por miedo a quedar en vergüenza si se descubría que una chica de solo veinte años se había colado en el frente. Tampoco se creían su historia y algunos altos mandos pensaron que podía ser una espía. Así que, tras recluirla un tiempo en un convento, fue trasladada a la sede del Tercer Ejército en Calais, donde la interrogaron a conciencia. Era verdad lo que contaba, pero no le dejaron contarlo tras ser liberada. La Oficina de Guerra, apelando a la Ley de Defensa de Reino de 1914, se lo prohibió. Tuvo que esperar hasta el armisticio de 1918, y al año siguiente, tras mudarse al distrito londinense de Canonbury, publicó Sapper Dorothy Lawrence: The Only English Woman Soldier («Zapadora Dorothy Lawrence: la única mujer soldado inglesa»), su libro de memorias de la guerra, que gozó de cierta difusión.

Pero no tuvo suerte en la vida. Imposible trabajar como periodista en la alicaída y machista Inglaterra de los años veinte. Sin familia, malvivió como pudo. Su comportamiento se fue haciendo cada vez más errático y disperso, tanto que hacia 1925 fue ingresada en el Lunatic Assylum Colney Hatch en Friern Barnet, al norte de la capital inglesa.

Allí estuvo durante 39 años, hasta que falleció en 1964. Y allí reveló, a quien quiso oírle, que en su infancia había sido violada de manera sistemática por su tutor de la Iglesia de Inglaterra.

Durante muchos años se creyó que se trataba de una leyenda, hasta que a principios de siglo un tal Richard Bennett, nieto de uno de los cómplices de Dorothy, Richard Samson Bennett, encontró su autobiografía mientras investigaba la historia de su familia en el Royal Engineers Museum de Chatham (Inglaterra).

Aunque se trata una Homo insolitus ejemplar, no fue la única mujer que se hizo pasar por soldado… Pero esa es otra historia.

Publicado el domingo 03-12-2017 en La Voz de Almería

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Homo insolitus 27: De sufragista a fascista

El 10 marzo de 1914, como respuesta al arresto de Emmeline Pankhurst, una conocida militante sufragista que luchaba por el derecho al voto de las mujeres, Mary R. Richardson asestó siete cortes con un cuchillo de cocina a la Venus del Espejo de Velázquez, que desde 1906 se conservaba (y se conserva) en la National Gallery de Londres ―anteriormente estaba en Rokeby Park (Yorkshire), tras ser robada durante la Guerra de Independencia Española por algún hijo de la Gran Bretaña.

«El primer golpe con mi hacha rompió el cristal protector. Pero, por supuesto hizo algo más que eso, hizo que el detective del museo se levantará de su silla con el periódico aún en su mano y rodeará su lujoso asiento de terciopelo rojo mirando a la cúpula de cristal que acaba de ser reparada. El ruido del cristal también llamó la atención del guarda que en sus frenéticos intentos por alcanzarme resbaló en el pulido suelo y cayó de cara, por lo que tuve un tiempo extra para asestarle cuatro cuchilladas más antes de ser atacada.»

Dañó con su cuchillo toda la zona de la espalda y los hombros de la señora del cuadro que el genio sevillano había pintado hacia 1650, pero solo fue condenada a seis meses de cárcel, la pena máxima que había en ese momento en Inglaterra por dañar una obra de arte. «El juez casi lloró cuando me juzgaron porque solo podía darme seis meses», dijo en declaraciones posteriores. Por fortuna, se consiguió restaurar con relativo éxito.

 

Richardson militaba en la Women’s Social and Political Union (WSPU, Unión Política y Social de las Mujeres), una asociación radical del movimiento sufragista, dirigida por Emmeline Parkhurst. En una reunión expuso sus motivos: «He tratado de destruir la imagen de la mujer más bella en la historia mitológica como protesta contra el gobierno de la destrucción de la señora Pankhurst, que es el personaje más bello de la historia moderna».

Los medios consideraron aquello como una afrente terrible orquestada por una feminista radical y puritana que no soportaba los desnudos y comenzaron a llamarle Mary la Acuchilladora (Slasher Mary). Al fin y al cabo, los periodistas, casi todos varones, veían la lucha sufragista del mismo modo que el resto de varones: como una extravagancia de caprichosas señoras de bien. No en vano, este ataque sirvió para perpetuar el manido cliché del odio de las feministas hacia el desnudo femenino en el arte.  Pero la intención real, como ya hemos visto, era otra.

Slasher Mary nació en Canadá (en Belleville, Ontario) hacia 1882, pero con tan solo 18 años, a principios del nuevo siglo, viajó a Europa y decidió quedarse en Inglaterra para apoyar el movimiento sufragista. Allí conoció a Emmeline Pankhurst, se afilió al WSPU y se acabó convirtiendo en una de las más violentas e iracundas activistas. Ya era conocida cuando destrozó el cuadro de Velázquez. Había sido una de las participantes en el Black Friday, el 18 de noviembre de 1910, cuando un grupo de unas trescientas activistas montaron una protesta frente al Parlamento Británico, después de que éste rechazase otorgar el derecho al voto a parte de las mujeres del país (a las ricas, por cierto). La manifestación terminó con más de doscientas mujeres agredidas y maltratadas por la policía y con más de cien detenidas. Entre ellas estaba Mary Clarke, hermana de Emmeline Pankhurst, que falleció poco después de su liberación, a finales de aquel mismo año.

Pero también participó en otro conocido acto de protesta que protagonizó su compañera Emily Davidson, otra activista feminista que, como Mary Richardson, fue detenida en numerosas ocasiones ―fueron las primeras mujeres alimentadas a la fuerza durante algunas de las numerosas huelgas de hambre que realizaron―. Pero el momento cumbre de Davidson tuvo lugar cuando el 4 de junio de 1913 tuvo los ovarios de saltar al circuito de Epsom, en Surrey, donde se estaba celebrando su famoso Derby. Y lo hizo justo delante del caballo del rey Jorge V, que montaba un tal Herbert Jones, con tan mala suerte que el animal le atropelló. Fallecería de una factura en el cráneo cuatro días más tarde, en mitad de una agria polémica. Pues bien, Mary Richardson aseguró que había sido su cómplice y que tuvo que salir huyendo de la carrera cuando algunos la vieron ondear banderas sufragistas.

Por si fuera poco, se sabe que fue una de las mujeres que rompieron a pedradas las ventanas del Ministerio de Interior, además de provocar algunos incendios e, incluso, colaborar en poner unas pequeñas bombas en una estación de tren, antes de atacar el cuadro de la National Gallery.

Todo un historial para una valiente y aguerrida Homo insolitus. Y no piensen que lo de «insolitus» se debe a este activismo guerrero y feminista, aunque en parte sea así. Se debe más bien a lo que sucedió después, cuando por fin pudo votar, terminada la Gran Guerra. Por un lado publicó alguna novela y varios volúmenes de poesías, pero también se metió en política. Entre 1922 y 1934, se presentó a las elecciones con el Partido Laborista, aunque nunca fue elegida. Lo sorprendente en que tras la última derrota se afilió a la British Union of Fascists (BUF, Unión Británica de Fascistas), organización creada por Oswald Mosley de la que se convirtió en Secretaria de Organización de la Sección Femenina. Como explicó en su momento, había quedado prendada por el trabajo de Mussolini en Italia.

Lo dejó al año siguiente, abandonando, de camino, la política, de la que nunca quiso volver a saber nada hasta su muerte, el 7 de noviembre de 1961.

¿Cómo una sufragista acaba perteneciendo a un partido fascista? Sencillo, porque una cosa no quita la otra; pero sobre todo porque el fascismo en aquel momento no era visto como una ideología conservadora. Mary Richardson llegó, incluso, a comparar ambos movimientos: «Me atrajeron primero los camisas negras porque vi en ellos el coraje, la acción, la lealtad, el don del servicio y la capacidad de servir que yo había conocido en el movimiento de sufragio». De hecho, muchas sufragistas tuvieron relación con el BUF, como Norah Elam, compañera y amiga de Richardson, que llegó incluso a presentarse al congreso por este partido. Es más, un veinte por cierto de la membresía del BUF fueron mujeres, una cifra extremadamente alta para un partido político de la época…

Si tienen la suerte de visitar la National Gallery, y miran de cerca la Venús del Espejo, podrán ver aún las marcas de los cuchillazos. Aunque, todo sea dicho, no fue el único cuadro atacado por las sufragistas. Ese mismo año, El maestro Thornhill, de George Romney, fue dañado el 8 de junio por Bertha Ryland, hija de otra conocida sufragista. Margaret Gibb atacó, el 16 de julio, un retrato de Thomas Carlyle en la National Portrait Gallery de Londres. Y es que estas luchadoras activistas, durante los meses inmediatamente anteriores a la Gran Guerra, que comenzó el 28 de julio de 1914, se mostraron especialmente activas e iracundas: incendiaron cientos de casas, colocaron numerosas bombas (una en la propia Abadía de Westminster) y destruyeron algunas otras obras de arte más. El objetivo era visibilizar un movimiento que, sin duda, era justo. Y lo consiguieron, aunque durante un tiempo las mujeres no pudieron entrar a los museos ingleses sin ir acompañadas por un hombre…

Publicado el domingo 26-11-2017 en La Voz de Almería

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