Ruleta rusa 2: I want to know;  “Enigmas”, nº 270, mayo 2018, pág. 98

Hace unos días, un amiguete del barrio, negacionista radical, me dijo algo que me dejó pensativo y que me ha llevado a la siguiente reflexión. «¿Pero tú crees en todas estas cosas? Pensaba que eras una persona racional», me preguntó. Le respondí que no tenía tiempo para conversaciones bizantinas, pero que no se trata de creer, sino de saber, de conocer, de descubrir y solucionar los misterios que, indudablemente, nos rodean y ponen en tela de juicio nuestra prepotente seguridad.

Esto es más importante de lo que parece, porque, en justicia, los investigadores y estudiosos de los enigmas históricos y de las anomalías no explicadas por la ciencia, por ahora, no debemos partir de ideas preconcebidas. Sí, tenemos que plantear hipótesis que intenten explicar los misterios a los que nos enfrentemos y someterlas a la dura prueba de la casuística y la evidencia. Si explican los fenómenos, las podemos dar por buenas y aceptar como posibles explicaciones; si no, no. Pero claro, esto no es sencillo, sobre todo porque los misterios son difíciles de enmarcar, y porque la evidencia suele ser esquiva y guarda mucha relación con un aspecto difícilmente controlable: los testigos.

El problema es que muchos de nuestros compañeros han hecho justo lo contrario: han tomado como punto de partida una explicación de la que no dudan. Un ejemplo: los ovnis. Muchos de los especialistas en este tema parten de la firme convicción de son artefactos extraterrestres. A partir de aquí, encuentran en los casos las evidencias necesarias que les permiten apuntalar su premisa y afirmar la existencia de habitantes de fuera de la Tierra que nos visitan. Pero el problema es que su premisa no es una hipótesis, sino una verdad que no se cuestionan. No se puede explicar un fenómeno misterioso mediante otro fenómeno misterioso. Otra cosa es que lo consideremos una hipótesis. Por desgracia, la hipótesis extraterrestre no explica al completo la tremendamente compleja y desconcertante casuística ovni. Por lo tanto, no es una verdad, sino una hipótesis que, por falta de rotundidad empírica, no se puede considerar un hecho.

El hecho es que los ovnis existen, y el misterio, nuestra labor como investigadores, consiste en tratar de saber qué son. La existencia de extraterrestres, y la posibilidad de que nos visiten, sería otro misterio sin explicación, por lo tanto, no sirve para explicar nada. ¿Me siguen?

Sustituyan «ovnis» y «extraterrestres» por «fenómenos paranormales» y «vida más allá de la muerte»…

Lo que decía antes: tenemos que delimitar muy bien lo que creemos y lo que sabemos. Eso es lo que caracteriza a una mente racional. Esa es la diferencia entre creer y saber. Y yo, al contrario que el agente Mulder, quiero saber. No me basta con creer.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.